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Rashard Lewis, Boston Celtics y el juego de las ventanas

Redactado el 3 de octubre de 2012 por Benito Andrade

Este verano ha sorprendido a muchos con la renovación de Garnett y la continuidad en Boston de un proyecto que parecía tocar a su fin. Ese proyecto comenzó verano de 2007 cuando Boston Celtics adquiría vía traspaso a Kevin Garnett y Ray Allen para juntarlos con Paul Pierce en un proyecto destinado a devolver la gloria a los orgullosos verdes. Aquel mismo verano Orlando Magic firmaba, sorprendiendo también a muchos, a Rashard Lewis por cinco años a razón de 17 millones de dólares anuales, convirtiéndolo en uno de los jugadores más sobrepagados de la historia de este deporte. ¿Qué relación guardan estos dos hechos en equipos diferentes y separados cinco años en el tiempo? Pues que tienen una explicación común: el juego de las ventanas. De las ventanas salariales, naturalmente.

Durante los años que ha durado el contrato multimillonario de Rashard Lewis han sido muchos los que han criticado la decisión de Orlando y no pocos de ellos lo han hecho con la frase “con ese dinero podríamos haber fichado a… (poner cualquier jugador mejor que Lewis y que cobre menos)”. Es una frase en parte cierta y comprensible viniendo de un aficionado. Menos comprensible si viene de un periodista deportivo. Y digo esto porque la respuesta correcta a esa frase es “¿Y estaba ese jugador que dices en el mercado en 2007?”. Porque las ventanas salariales son así. Se abren y se cierran en un momento.

Para el que no esté familiarizado con el sistema de límite salarial que rige la NBA permitidme una breve explicación empezando por aclarar el propio nombre: no es un límite, es un juego. Existe un límite, sí, pero hay diversas excepciones que te permiten sobrepasarlo y que se dividen en dos grandes grupos: las que te permiten renovar a tus propios jugadores (excepciones conocidas como Bird, Early Bird y escala anual) y las que te permiten fichar a jugadores de fuera (principalmente las conocidas como “mid-level” y “low-level”). Las del primer grupo y sin entrar en detalles te permiten casi siempre renovar a tus propios jugadores a cualquier precio aunque se sobrepase el límite. Las segundas te permiten traer refuerzos limitados en precio. La más alta de las excepciones es la mid-level y son unos 5 millones. Si alguien quiere fichar para su equipo un jugador importante, de más de 5 millones al año, sólo tiene dos vias: o lo hace por traspaso soltando otros jugadores o lo ficha en un año en que ese equipo esté por debajo del límite. Naturalmente esos años por debajo del límite, conocidos como ventanas salariales, se eligen cuidadosamente. Que empiece el juego.

Orlando Magic empezó en 2004 un proyecto construido sobre dos rookies: el principal era Dwight Howard y el complemento Jameer Nelson. Un base y un pivot, como mandan los cánones. Los contratos de novato de primera ronda duran cuatro años así que el momento para reforzar el equipo con una estrella más era justo antes de que en 2008 entrasen los contratos renovados de Howard y Jameer, pues a partir de ahí liberar un máximo por debajo del límite sería muy complicado. De este modo planificaron su ventana salarial para 2007. Ese año tenían que fichar un refuerzo sí o sí ya que el dinero ahorrado ese año no serviría para el año siguiente. Pero el mercado es caprichosos y es muy difícil predecir quién estará libre un verano determinado a años vista ya que siempre hay traspasos, renovaciones, extensiones… El caso es que en 2007 el agente libre más apetecible era Lewis. Y no sólo eso, los de aquellas aún Seattle Supersonics amenazaban con igualar cualquier oferta por él, ya que era agente libre restringido. A Orlando sólo le quedaban dos opciones: lanzar el órdago por él o no fichar a nadie de nivel ni ese año ni en los siguientes, cosa que podría haber adelantado unos años en el tiempo la petición de traspaso de Superman.

Si hicieron bien o mal habrá opiniones para todos los gustos. Lewis no ha rendido al nivel de su contrato, eso es evidente. Ese proyecto les ha llevado a unas finales, lo que no habría sido posible sin Lewis y sobre todo con un Howard descontento que pensase que no se había aprovechado aquel verano para reforzar el equipo. Eso también es evidente.

El caso de Boston es diferente pero no por ello menos interesante. Y lo es porque desde casi los comienzos del proyecto del Big Three Ainge ha jugado realmente bien al juego de las ventanas, le ha salido incontestablemente mal y lo ha arreglado de forma bastante airosa a mi juicio.

En 2008 la situación salarial de Boston tenía los contratos de Ray Allen, que acababa en 2010, Paul Pierce, que acababa en 2010 con opción de jugador hasta 2011 y Garnett que acababa en 2012. A ellos se uniría como pieza importante Rajon Rondo, cuyo contrato de novato acababa también en 2010. Con estas piezas sobre el tablero existían dos fechas en las que el proyecto podía darse por finalizado:

- Si salía mal: en 2010 acababa Allen y se le podía dejar marchar. Pierce, si Boston entraba en reconstrucción, podría preferir renunciar a su opción de jugador y buscar un contrato más largo en otro sitio. Eso dejaría a Garnett como veterano dos años y la posibilidad de buscar en el mercado algo joven y de nivel con el dinero librado.

- Si salía bien: si salía bien 2012 sería la fecha de fin de prooyecto. Acababa Garnett y no había salarios comprometidos más allá.

Obviamente a nivel deportivo el proyecto salió bien y se optó por la segunda de las ventanas de salida: 2012. La ingeniería empezó pronto y en 2009 firmaron como refuerzo a Rasheed Wallace por tres años. ¿Por qué tres? Porque 9 más 3 da 12, claro. De repente en 2012 pasaron a librarse los salarios de Garnett y Wallace.

Luego llegó 2010 y llegar a un séptimo partido de unas finales dejó claro que el proyecto debía seguir… pero no se perdió de vista el juego. 2012 seguía ahí. De hecho ese año se empezaba a ver como muy apetitoso para finalizar cuantos más contratos mejor y tener ventana salarial pues era el año en que podía salir al mercado Howard. De este modo se renovó a Allen por dos años y se fichó a Jermaine O’Neal y Shaquille O’Neal, ambos por dos años. Más allá de 2012 sólo quedarían los contratos de Rondo y Pierce. Un base all-star, un veterano todavía en condiciones y un máximo librado para fichar lo que se quiera.

Quedaban dos obstáculos en el camino: Perkins y Glenn Davis. Ambos acababan contrato en 2011 y eran piezas necesarias en lo deportivo pero complicadas en lo económico, pues con la vista puesta en 2012 sólo se les podía ofrecer renovar un año por mucho dinero o varios por muy poco. Los problemas de lesiones de cara al rendimiento a corto plazo y las diferencias económicas a la hora de renovar a largo plazo acabaron con Perkins en OKC. A cambio llegaban una pieza útil en el corto y largo plazo como Jeff Green y un pivot sano para cubrir el hueco del lesionado Perkins ese año como era Krstic. Además ambos acababan contrato. En lo deportivo resultó que el lesionado Perkins se recuperó para playoff y el sano Krstic se lesionó. Pero no voy a entrar en análisis deportivos ya que estos se ven afectados por muchos imponderables y además todos sabemos lo que sucedió y tendremos nuestra opinión. Seguiré pues con el plan y su desenlace.

En 2011 ya había que hacer equilibrios. No se podía firmar nada caro por más de un año. Al mismo tiempo había que seguir siendo competitivos ese año que quedaba. Y todo ello aderezado con un lockout en el que no se podía ni hablar con los jugadores. El lockout le costó a Boston perder a Krstic. No iba a ser estelar pero habría ayudado por dentro a un equipo escaso de efectivos, pero no quiso esperar. Ante el lockout optó por asegurarse un lucrativo contrato en el CSKA de Moscú. Perdieron también a Glenn Davis por no querer contratos altos más allá de 2012, pero ahí se movieron bien: consiguieron a Brandon Bass que ofreció un rendimiento similar por mucho menos dinero. Por otro lado convencieron a Jeff Green de renovar un sólo año y, si bien el contrato quedó anulado por no pasar reconoocimiento médico, Boston conservaría los derechos a renovarle (Bird rights). De modo que el plan 2012 seguía plenamente vigente.

Y se chafó todo… Howard se lesiona la espalda y opta por asegurarse el año opcional de 2012-13 en Orlando. En ese momento su única vía de salida pasa a ser sign-and-trade. La opción de firmarlo como agente libre desaparece, Boston pierde todas sus opciones de incorporarlo en su hueco salarial y Dwight acaba de amarillo.

El plan de 2012 no era a una sola carta. Había premios de consolación, pero todos ellos o al menos todos los atractivos habían renovado o iban con toda probabilidad a renovar por sus equipos. Ello dejaba a Boston en una situación parecida a la de Orlando en 2007. Si quería aprovechar su hueco salarial tendrían que sobrepagar. Ahí estaba Minnesota ofreciendo 13 millones a Batum o New Orleans igualando 14 por Eric Gordon. Y ahí es donde Ainge optó por escapar por la otra puerta: el comodín de la continuidad.

Para firmar un jugador sobrepagado optaron por renovar en 12 millones al año a Garnett. Cabe señalar en este punto que hay una diferencia muy importante entre renovar a Garnett y fichar a otro jugador de ese precio de los que se han visto este verano: Garnett podía renovarse con derechos Bird mientras que para traer a otro había que renunciar a los derechos Bird de Garnett… y de todos los demás a fin de estar por debajo del límite. Así el optar por Garnett y no por Batum u otro jugador joven de precio similar permitió que Boston renovase también por 9 millones al año a Jeff Green, que de otro modo no habría podido quedarse. También permitió renovar sin problemas a Bass, que de otro modo hubiese sido más difícil de cuadrar. Todo ello aún permitía traer a Terry con la mid-level, a Courtney Lee con la low-level y renovar con más derechos Bird a Ray Allen. Esto último falló, pero no por falta de cintura financiera de Boston, sino poirque prefirió menos dinero de Miami. Ahí no hay nada que hacer.

¿Lo han hecho bien? A mi juicio sí. La solución ha permitido mantener un equipo competitivo y al mismo tiempo empezar a renovar con jóvenes como Green y Lee. Saliendo al mercado no creo que se hubiese conseguido nada mejor.

De este modo siempre hay que poner en entredicho los juicios precipitados sobre el modo de comportarse de un General Manager. No todo es coger a un jugador o a otro, sobrepagar o no.  Todo hay que juzgarlo en base a las posibilidades reales, a las que dicta inexorablemente el mercado, las ventanas salariales y, en definitiva, el juego de límites, excepciones y reglamento de traspasos al que se juega en los despachos.

Escrito por Benito Andrade

Articulista NBA




1 Comentarios para esta noticia

  1. simon dice:

    ENHORABUENA, gran articulo, muy bien argumentado y muy muy interesante. En serio, te felicito. Me ha gustado mucho. Un saludo.

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