En la entrada de ayer, iniciábamos la cuenta atrás en la búsqueda del Player of the Year en la NCAA, descubriendo los nombres que ocupan los puestos vigésimo a undécimo de este Top 20 y añadiendo un puñado de menciones honoríficas. De momento, la cosa está así:

Menciones honoríficas (orden alfabético):
Dwayne Bacon (Florida State).
Joel Berry II (North Carolina).
John Collins (Wake Forest).
Markelle Fultz (Washington).
Marcus Foster (Creighton).
J.J. Frazier (Georgia).
Marcus Keene (Central Michigan).
Jock Landale (Saint Mary’s).
Kelan Martin (Butler).
Yante Maten (Georgia).
Alec Peters (Valparaiso).
Ivan Rabb (California).

Top 20-11

20. Semi Ojeleye (SMU)
19. Donovan Mitchell (Louisville).
18. Melo Trimble (Maryland).
17. Ethan Happ (Wisconsin).
16. Lauri Markkanen (Arizona).
15. Monte Morris (Iowa State).
14. Jawun Evans (Oklahoma State).
13. Josh Jackson (Kansas).
12. Bonzie Colson (Notre Dame).
11. Dillon Brooks (Oregon).

Sin más dilación, pasemos a descubrir quiénes han sido los diez mejores jugadores del año en la NCAA.

10. Sindarius Thornwell – G, Senior, South Carolina (22-8, 12-5).
21 pts, 7.3 reb, 2.8 ast, 2.2 rob, 44.7% TC, 39.4% T3, 85.3% TL

La inclusión más sorprendente en el sector más elevado del ranking. Pero no ha habido forma de dejarlo fuera del Top 10. Prácticamente nadie significa más para su equipo, pocos son tan insustituibles. Todo lo bueno que ha conseguido South Carolina esta temporada (que no es poco; tiene el billete al March Madness casi en el bolsillo y acabará tercera en la SEC) se debe a dos premisas baloncestísticas muy simples. La primera es un nivel defensivo de auténtica élite, a la altura de los mejores armazones de toda la competición. La segunda consiste en encomendarse a Thornwell para que tire de un ataque que, más allá del senior, destaca por su absoluta inoperancia.

Thornwell, que además representa una de las almenas más imponentes en la muralla defensiva de los Gamecocks, ha asumido el reto con una actitud extraordinaria. Es incansable, abnegado en su batalla contra el aro. Sin ser lo que se dice un talentazo innato, Thornwell ejecuta sistemáticamente los movimientos que domina y va sumando, sumando, sumando. Deleita la tremenda consistencia con que percute contra la zona, y sus ocho visitas por partido a la línea de personal representan un oasis en el cicatero sistema ofensivo de los Gamecocks. No es casualidad que South Carolina perdiera sus tres únicos partidos de non-conference durante una suspensión impuesta a su estrella. El modelo que Frank Martin se ha sacado de la manga es bueno, pero no existiría sin Thornwell.

 

9Johnathan Motley – F, Junior, Baylor (24-6, 11-6 Big 12).
17.5 pts, 9.7 reb, 2.4 ast, 1.1 tap, 52.5% TC, 73% TL

Aunque la brillante campaña de Baylor haya perdido algo de lustre en las últimas semanas, resulta complicado desmerecer al gran responsable individual de una de las grandes sorpresas del año. Actualmente inmersos en una dinámica un tanto irregular, los Bears arrancaron el curso como un tiro, y pocos equipos de la NCAA pueden acreditar una nómina de victorias de calidad tan amplia como la suya: Oregon, Louisville, Xavier, West Virginia… Todo ello ha servido para asentar en la élite a un Motley que resulta clave en los planes de Scott Drew.

En la figura del interior converge una serie de cualidades de inmenso valor. No es un atleta de súper élite, pero sus dotes físicas encajan perfectamente en las variantes zonales de la defensa de Baylor, que sacan mucho jugo de su agilidad y envergadura. Por otro lado, su calidad ofensiva le convierte en el eslabón básico de toda cadena de pases, y una vez recibe en el poste medio es una garantía para finalizar. Llama la atención, además, que sus prestaciones hayan sido mejores si cabe en la recta final de la temporada regular, cuando más falta ha hecho para mantener a Baylor a flote, promediando 20.8 puntos y 10.5 rebotes en los últimos trece partidos. En definitiva: un año para el recuerdo.

 

8. Luke Kennard – G, Sophomore, Duke (23-7, 11-6 ACC).
19.8 pts, 5.3 reb, 2.6 ast, 50.3% TC, 45.4% T3, 84.5% TL

7. Malik Monk – G, Freshman, Kentucky (25-5, 15-2 SEC).
21.7 pts, 2.5 reb, 2.4 ast, 46.9% TC, 41.6% T3, 83.9% TL

6. Justin Jackson – F, Junior, North Carolina (25-6, 13-4 ACC).
18.4 pts, 4.7 reb, 2.6 ast, 45.6% TC, 39.3% T3, 75.8% TL

¡Bienvenidos al mejor debate de la lista! Sacar algo en claro de este ménage à trois resulta un desafío fantástico que no puede limitarse a seguir la dictadura de los números; en tal caso, de hecho, el orden probablemente sería inverso. Intentemos deshacer el entuerto.

El razonamiento aquí expuesto sigue dos líneas argumentales que coinciden en la conclusión. Para empezar, pongámonos en la siguiente situación: tenemos que confeccionar un equipo de jugadores universitarios vía Fantasy Draft y, para nuestra elección de primera ronda, tenemos que elegir a uno de estos tres chicos. En esta comparativa, a mi parecer, Monk y Jackson salen ligeramente favorecidos frente a Kennard, pese a que éste haya demostrado que puede ser un go-to-guy tan válido como cualquiera.

Me costaría mucho renunciar al poderío ofensivo del freshman de Kentucky, el tío más devastador de la NCAA cuando entra en estado de trance. Jackson, aparentemente, es un pick menos sexy, pero creo que compensa. Aun estando algo por debajo de Kennard y Monk como generador ofensivo, resultaría una notable primera opción. Es el mejor defensor y, además, cubriría tres posiciones de una tacada, dándome la posibilidad de centrar mis siguientes elecciones en un base y un pívot de élite y preocuparme más tarde del resto.

Pasemos a la pregunta clave: ¿quién es más importante para su equipo? La cuestión es gorda, dado que estamos tratando a las tres máximas figuras de tres bluebloods que aspiran poco menos que a la Final Four. Me sabe mal por Kennard, mas vuelve a quedarse un poco rezagado. Es cierto que, si no hubiera sido por él, la temporada de Duke podría haber descarrilado por completo, pues ha sido de los escasos Blue Devils que siempre ha dado la cara, asumiendo a menudo labores que, en principio, no deberían haberle correspondido. No obstante, ahora que las piezas del puzle de Coach K van encajando mejor, es imposible obviar la cantidad de opciones que tiene entre manos. Kennard puede vivir con la relativa tranquilidad de saber que, si tiene una mala noche (cosa poco común), Grayson Allen y Jayson Tatum son capaces de recoger la batuta sin problemas.

El caso de Monk es algo más complejo. Aunque no sería correcto decir que a Kentucky le falte calidad, no va sobradísima en lo que a meter la bola se refiere. Monk juega en perpetua convivencia con un mínimo de tres compañeros que representan una amenaza tenue (siendo generosos) desde la línea del triple. Está obligado a meter sus tiros si los Wildcats pretenden operar con espacio. Si Monk está off y no se encuentran opciones en transición, el ataque posicional de Kentucky es mediocre. El freshman es indispensable para que la cosa funcione.

Pese a todo… respondería con Jackson a la duda planteada dos párrafos más arriba. El exitoso sistema de Roy Williams tiene dos fundamentos básicos: rebotear y correr. J-Jax es fundamental en ambas fases, especialmente en la segunda, donde hace estragos. Hay que rescatar una vez más lo útil de su versatilidad y la flexibilidad que proporciona a los quintetos de UNC. Y, en un plano que reconozco más subjetivo, Jackson siempre me da la sensación de no acaparar más protagonismo porque, sencillamente, no lo necesita. Su cantidad de recursos, a veces no muy ortodoxos, es brutal. Estoy convencido de que podría anotar aún más y, en ocasiones, ese altruismo es lo único que le echaría en cara. De momento, a los Tar Heels no les va mal así.

Antes de cerrar capítulo, podría decirse en contra del veredicto que tanto Kentucky como Duke han batido a North Carolina esta temporada. Es un punto de vista válido. Pero teniendo en cuenta que Jackson anotó, respectivamente, 34 y 21 puntos en esos partidos, siendo de largo el MVP de los Tar Heels, me cuesta comprarlo. De esta terna de tres, Jackson ha sido el más importante para su equipo, que además es el que ha hecho una campaña regular más completa pese a ser, objetivamente, el que menos talento tiene. Me conformo con eso. La defensa descansa.

 

5. Nigel Williams-Goss – G, Junior, Gonzaga (29-1, 17-1 WCC).
16.3 pts, 5.6 pts, 4.8 ast, 1.7 rob, 50.9% TC, 36.3% T3, 90.9% TL

Jamás veremos a Markelle Fultz partiendo la pana en un equipo de baloncesto colegial como Dios manda, y es una pena. Menos mal que Williams-Goss sí tuvo la oportunidad de escapar al Vertedero de Talento de Lorenzo Romar ® para demostrar su calidad en una escuadra TOP. Y menuda alegría. Porque NWS pasa por ser la gran estrella de, quizás, la mejor Gonzaga de la historia, una indiscutible candidata a la Final Four.

Hay muchas cosas que me gustan del base de los Zags. Me gusta su capacidad para influir en el juego por encima de la estadística. Me gusta su increíble lectura del baloncesto, su facilidad para encontrar al compañero enchufado, su inteligencia para detectar mismatches propios y ajenos. Me gusta cómo se aplica en defensa y cómo carga el aro para cazar rebotes o forzar faltas. En definitiva, es un jugadorazo. La temporada casi-perfecta de Gonzaga no existiría sin él. Punto.

 

4. Lonzo Ball – G, Freshman, UCLA (27-3, 14-3 Pac-12).
15 pts, 6.3 reb, 7.6 ast, 1.9 rob, 55.7% TC, 42.2% T3, 66.3% TL

Querido Lonzo,

Espero que no te tomes a mal mi decisión de situar a tres jugadores por encima de ti. Te guardo un sincero aprecio, te lo aseguro. Eres de las mejores cosas que le han pasado a la NCAA en el último lustro. Eres la leche. Confío plenamente en que triunfes en la NBA, a pesar de tener ese tiro tan sui generis. Nunca se te agradecerá lo suficiente que hayas recuperado para UCLA el respeto perdido en los últimos años. Simplemente, Lonzo, hay tres tipos que, en mi humilde opinión, han hecho un pelín más que tú. No deberías avergonzarte por ello.

Quedémonos con lo bueno, Lonzo. Eres un elemento peculiar que exige un compromiso total, una entrega sin contemplaciones del destino de doce jugadores a los designios de tu genialidad. UCLA juega como UCLA porque te tiene a ti y, por ende, debe jugar como tú. Lo sabemos, Lonzo. Sabemos que Alford no es el Paul Westphal del siglo XXI. Sabemos que, probablemente, le has salvado el cuello. Y está bien así.

Aprovecho para darte las gracias porque, durante tu efímero paso por la competición universitaria, me lo he pasado pipa contigo. ¿Cuántas veces te encuentras a un chaval que te levanta del sofá cuando coge un rebote defensivo? Es mi jugada random favorita de todo el baloncesto mundial, Lonzo. En serio. Y agradezco que hayas contagiado de tu bendita locura a los demás Bruins; veros lanzando a canasta sin un momento de respiro mientras pasáis de defender es toda una experiencia, además de ser un plan que suele funcionar.

En fin, Lonzo; perdóname por este cuarto puesto. Seguro que lo superas en el Draft.

 

3. Caleb Swanigan – F, Sophomore, Purdue (24-6, 13-4 Big Ten)
18.6 pts, 12.5 reb, 2.8 ast, 54% TC, 45.5% T3, 79.3% TL

Hablando de tíos que hacen disfrutar… Qué barbaridad de año el de ‘Biggie’ Swanigan. Qué barbaridad. Podría ser el número uno de la lista, perfectamente. En una escala estadística, con permiso de Fultz, es el rey de la NCAA. Sus números no se han visto desde Tim Duncan. ¡Tim Duncan! Los ha alcanzado, además, como líder de una potente Purdue, la más temible desde los anhelados días de Robbie Hummel. Ha sido una auténtica superestrella en el conjunto dominante de una de las grandes conferencias del país. El problema de su currículum es que esa conferencia sea la Big Ten, inusitadamente mediocre este curso, y que ese conjunto dominante podría no estar entre los quince mejores de la nación. Es la única razón por la que se cae, por los pelos, del debate definitivo por el POY.

En cualquier caso, hay que recrearse en la magnificencia de un chaval que lleva desde noviembre haciendo lo que le viene en gana a pesar de vivir con un double team pegado en el culo. Parece increíble, pero Swanigan quizás sea el hombre más indefendible en uno contra uno de la NCAA, una competición en la que, tradicionalmente, son los guards los que ostentan esa distinción. ¿Cómo defiendes a Swanigan? Es fiable desde la línea de tres, su primer paso bate a prácticamente cualquier rival de su envergadura, su fiabilidad al poste está fuera de toda duda e, incluso si consigues que no huela el balón durante toda una posesión, es el candidato número uno a llevarse el rebote. Encima, es un pasador muy decente, anulando habitualmente la única estrategia válida contra él, que es enviar dobles marcajes desde el salto inicial. No es un defensor extraordinario, pero puedo vivir con ello. Es una máquina. Mejor pasar al dilema final antes de que me arrepienta y me vea obligado a reformular la lista.

 

2. Josh Hart – G, Senior, Villanova (27-3, 14-3 Big East).
18.6 pts, 6.5 reb, 3.1 ast, 1.5 rob, 50.6 % TC, 39.9% T3, 75.4% TL

1.  Frank Mason III – G, Senior, Kansas (27-3, 15-2 Big 12).
20.3 pts, 4 reb, 4.9 ast, 1.4 rob, 48.5% TC, 50% T3, 76% TL

Imposible. Imposible decantarse por uno de los dos. O casi imposible, porque alguien tiene que ser el número uno. Repasemos una serie de paralelismos entre dos candidaturas separadas por milímetros.

Uno: Kansas y Villanova son, a día de hoy, los dos mejores equipos de la NCAA. Los rankings, al menos, son de esa opinión. Un servidor, también. Mason y Hart son sus respectivos líderes, a todos los niveles. Les distingue del resto su poder emocional, su ascendencia sobre el resto de compañeros. Se podría decir, dicho sea de paso, que los del Jayhawk son ligeramente superiores, pero pienso que la presencia de Mason está a la par de Hart en importancia.

Dos: En el precatalogado como “año de los freshmen”, los mejores han sido dos veteranos que encarnan a la perfección la belleza del baloncesto universitario. Nadie esperaba que brillaran a la NBA cuando llegaron a sus universidades. Ni siquiera se espera ahora. Las suyas son historias de trabajo, superación y liderazgo. Hart promedió 7.8 puntos por partido en su primer curso; Mason se quedó en 5.5 tantos. Ninguno superó el 33% de acierto en triples como debutante; ahora ambos son reputados lanzadores exteriores. ¿Qué hay más gratificante para un aficionado que observar semejante crecimiento en un muchacho? Cómo no amarlos.

Tres: En la NCAA hay escasos two-way players que puedan compararse a Mason y Hart. A su carácter de focos ofensivos se suma una implacable fiereza defensiva. Son guerreros, peleones, valientes. Por su trayectoria, saben perfectamente qué es necesario para ganar, y actúan acorde. Aun siendo estrellas, siguen siendo los primeros en lanzarse a por un balón dividido y no dudan en jugarse el físico por forzar una falta en ataque. Son talento, pero también mucho, mucho corazón.

Cuatro: Ambos han logrado mantener recto el timón del barco navegando por aguas enrabietadas. Hart perdió a un secundario clave, Phil Booth, en noviembre, mientras que los problemas físicos de Darryl Reynolds han obligado a la vigente campeona a jugar habitualmente con rotaciones muy cortas de seis o siete hombres. Tampoco lo ha tenido fácil Mason en una Kansas salpicada por problemas extradeportivos que aún podrían traer cola y ya han causado la baja de Carlton Bragg Jr.

Cinco: Los dos acostumbran a guardar la artillería pesada para los momentos más críticos. Algunas de las muescas de Hart: 24 puntos y tiros libres definitivos contra Purdue (76-79), 37 en una remontada contra Notre Dame (66-74), o 10 en los últimos tres minutos contra DePaul (65-68).

Pero lo de Mason es más increíble si cabe y, en mi opinión, es el puntito extra que le eleva a la primera posición: 30-7-9 en la derrota agónica contra Indiana (103-99 tras prórroga); 21 puntos y canasta ganadora ante Duke (77-75), 13 tantos en la segunda parte para remontar contra Kentucky en Lexington (79-73), 19-6 y tiros libres para rematar a Baylor (68-73), tiros libres para forzar prórroga y vencer, con 24 puntos, a West Virginia (80-84)…

Kansas se ha aupado como el equipo número uno de la NCAA gracias a su extraordinaria persistencia. Nadie ha remontado más veces. Nadie ha resuelto a su favor tantos finales apretados. Y Mason siempre está por medio. Incluso cuando no tiene el día. Aparece. Invita al resto a aparecer. Y acaban ganando. Kansas es la mejor porque tiene al mejor.