La Final Four es, ante todo, una fiesta. Una excusa para compartir una pasión desmedida en un lugar concreto durante varios días. Da igual de dónde vengas o qué universidad apoyes. El ambiente, la gente, el colorido. Bastan unos minutos en San Antonio para comprenderlo.

Por ello, utilizamos el testimonio de Nacho Juan desde Texas para saber cómo se vive el clímax de la locura universitaria. Como periodista y como aficionado, gracias a la colaboración del podcast de Mad March.

[Transcripción]

No hay nada como una Final Four. El ambiente, la gente, el colorido. Da igual de dónde vengas o qué universidad apoyes. Lo importante es estar ahí. Y es que una vez llegas a San Antonio, bastan unos minutos para comprenderlo todo.

También para darte cuenta de que San Antonio no es como las demás. Un servidor ha tenido la suerte de comprobarlo. De coger la mochila, enfundarse la ilusión de un niño y adentrarse en una ciudad tejana. El baloncesto es la excusa, la mejor posible.

En Mad March me han dado la oportunidad, y el espacio, para relatar cómo se vive una Final Four. Pues se vive ilusionado, pero sobre todo, fascinado. 

La ciudad te da argumentos. San Antonio no te recibe con un skyline y su consiguiente dolor de cuello, pero sí con rincones singulares. Protagonismo aquí para el Riverwalk, que siguiendo su traducción literal, es un paseo por el río San Antonio, que lejos de parecerse al Mississippi, dibuja el downtown de la ciudad, la adorna de color verde, y sobre todo, atrae multitud de cafeterías y restaurantes. Aquel que quiera encontrar un sitio, paciencia y suerte. El paseo en barca tal vez sea la mejor de las opciones. 

Su corazón es La Villita, un fiel reflejo de la influencia mejicana. Porque repetimos, San Antonio no es una ciudad estadounidense cualquiera. Su cercanía con Mexico y su aroma hispano se respira en cada esquina. Es en la Villita, entre el gentío y las sombrillas de colores, donde se acumula toda la vida social, también en la Final Four. Y para los curiosos, siempre quedará el Alamo. O para los románticos, porque el edificio no dice mucho. Sí su historia. 

La ciudad es una amalgama de cuatro colores primarios. A priori, gana Kansas. Por presencia, digo. Porque San Antonio es una fiesta. También de baloncesto. Con motivo de una convención de entrenadores a nivel nacional, las calles están inundadas de polos, chaquetas y camisetas de universidades e institutos de todo el país. Preguntas en una cafetería a un grupo y la respuesta es la quieres: “Estamos aquí para debatir y compartir impresiones”. Idílico, vaya. 

en una Final Four escuchas muchas cosas. Antes de venir, un compañero llamado Juan Vargas te dice que la barbacoa de San Antonio es famosa. Así que la pruebas. Notable alto a falta de más muestras. 

También escuchas conversaciones fantásticas. A un chaval de Michigan preguntándole a otro de Loyola-Chicago que donde puede comprar esa bufanda que parece de Gryffindor. Y éste contestarle que esa no lo sabía, pero que la de los Ramblers, en Hogwarts.

Donde no se escucha prácticamente nada es en la sala de prensa del Alamadome. Una vez te aclaras cómo llegar a la parroquia, el silencio es protagonista. Como debe ser. Incluso cuando pasan los peces gordos de la ESPN o la CBS, hasta que llega él. Sí, Charles Barkley. Es entrar y dejar nuestros quehaceres para ver qué dice, o qué hace. O yo qué sé, pero al caballero le escuchan hasta en Georgia.

Antes tienes la oportunidad de ver muchos contrastes. Por ejemplo, la centena de periodistas en la rueda de prensa de Sister Jean frente a los tres y el de la guitarra en la de Marques Townes, jugador de los Ramblers. También de ver el traje impoluto de Grant Hill frente a las bermudas de colores y las chanclas de Scott Pollard. Hasta Randy Foye anda por ahí.

Los entrenamientos sirven para abrir boca. Para concluir que Clayton Cluster y Ben Richardson meten triples por castigo, que Udoka Azubuike es una bestia sin igual en este escenario, que Moritz Wagner y Jon Teske, a simple vista, son iguales, que Devonte Graham baila regular y que Mikal Bridges pide a gritos ser un Top 10 del próximo Draft.

Aunque el periodista se aclare dentro del laberinto de túneles del Alamdome, seguirá sufriendo sus distancias kilométricas. Pista, ruedas de prensa y el buffett, bastante sano de momento. A nuestra disposición, todos los datos, declaraciones, horarios e imprevistos. La barbacoa es buena, pero la organización del evento es aún mejor.

Otra razón más para exprimir este viaje y disfrutar esta oportunidad. Lo de ayer era el calentamiento, porque hoy empieza lo bueno. Dentro, pero también fuera de la cancha,

Sea como sea, seguiremos aquí, en San Antonio, para contarlo, para narrarlo o simplemente para compartirlo. Disfruten de la Final Four.