“Empezamos por la comida gratis, y aquí estamos”

Nicole, como su amiga Laura, es honesta. Vienen de Columbia, cuna de los Gamecocks, pero apenas me pueden decir jugadores que no se llamen Sindarius Thornwell. Y qué más da. Hace tiempo que descubrí que no se trata de eso.

La dispersión de la capital de Arizona me obliga a tener paciencia. El tranvía de la ciudad se convierte en cercanías cuando deja los rascacielos por la compañía de los cactus y las palmeras. Casi una hora después de guía turística me encuentro, al igual que otros curiosos, en medio de la nada. No es Phoenix, aunque me aseguran que mi destino está más cerca.

La simpatía de los lugareños me conduce al autobús que me llevara a Glendale. Mi historia la encontré ahí, nada más entrar. En un pasillo de colores, camisetas bordadas y gente de todo el país. Mientras me preguntaba por el parecido a Danny Ainge que tenía el viajero de enfrente, vi a Nicole y Laura, ataviadas con el granate de South Carolina, entrar en el vehículo. Las reacciones fueron inmediatas:

  • Pete: “Las de South Carolina, por favor, pasen al fondo del autobús”
  • Nicole: “Nada nos puede parar, es nuestro momento”

Su respuesta fue vitoreada por sus compañeros del sur. Aquel mensaje de optimismo iba dirigido a Pete, de raíces neoyorquinas pero alma de Tar Heel. Conoció a su esposa en Chapel Hill y lo demás es historia. Las dos jóvenes decidieron sentarse junto a él, justo delante de una cuadrilla de Gonzaga. Centré entonces mi atención en el potencial conflicto. Ingenuo, acabé asistiendo a una lección de deporte universitario. 

  • Nicole: “Estados Unidos quiere que ganemos, somos los underdogs…”
  • Pete: “…Y nosotros la mejor universidad de la historia”

Pete no le dejó terminar la frase a Laura, y solo con su sentencia consiguió ser el enemigo común contra el que unir sus fuerzas. Los aficionados de los Bulldogs se vieron obligados a intervenir. El relato de una mid-major consagrada entre las más grandes era un argumento sólido para ganar adeptos. 

Con más o menos éxito, todos expusieron sus teorías. North Carolina debía ganar para vengar lo ocurrido el año pasado, Gonzaga para hacer historia y South Carolina, en resumen, porque no iban a tener otra igual. Echaba de menos un integrante de los Ducks, hasta que Ryan, del mismo Eugene, afirmaba que no había equipo con más estilo que ellos. Nike les cuida con mimo, sin duda.

La conversación se amenizaba por momentos. El pacto de no agresión llegó en cuanto el nombre de Duke se puso sobre la mesa. ¿A quién le gusta Duke? Preguntaban con sorna desde la parte de atrás. Incluso el conductor daba su veredicto. A nadie que no sea de los Blue Devils, vamos.

Después del consenso llegó la empatía. Aquel autobús público sirvió para compartir vivencias y despertar admiración. Porque más allá de la afición había un sentimiento compartido: la pasión por una identidad, por un alma mater, por la tradición y una forma de vida.

“Naces de una universidad, mueres de una universidad”, aseguraba un antiguo estudiante de Gonzaga.

Pete se dio cuenta de la obra de la magnitud de Frank Martin en Columbia. De cómo dos recién graduadas ajenas al baloncesto habían acabado en Phoenix. Ellas aprendieron que de North Carolina habían salido algunos de los mejores jugadores de la historia. A Ryan le terminaron por convencer de la gran temporada que había hecho Gonzaga pese a su calendario, y el grupo de los Bulldogs aceptó su invitación para ver un partido en el Matthew Knight Arena. 

Y un servidor fue consciente de que había acertado. De que en 2011 Kemba Walker le había enganchado a una locura. A una bendita locura. A una que le había llevado al medio del desierto de Arizona para ver a unos chavales jugar al baloncesto. 

Llegados al coliseo fue momento de despedidas. Para todos era su primera vez, y tal vez la última. “Será inolvidable, ganemos o perdamos”, concluía Ryan.

Entré al Phoenix University Stadium y lo comprendí todo. La tensión, la emoción, los nervios. Otra cosa era describirlo. 

Porque la competición cautiva pero la esencia atrapa. Porque no, no es sólo baloncesto.