Ya quedan dieciséis. Durante su primer fin de semana, el NCAA Tournament 2017 discurrió como en un tenue crescendo, terminando por regalar un maravilloso domingo repleto de duelos emocionantes y sorpresas memorables. Cierto, la primera ronda no fue la locura de otras ediciones; las grandes universidades, en su mayoría, hicieron sus deberes, y el único seed por encima del 11 que se alzó victorioso, Middle Tennessee (#12 de la South) era, de hecho, favorito en las apuestas en su cruce con Minnesota.

Pero, gracias a esa relativa falta de emociones fuertes, pudimos gozar de una extraordinaria segunda ronda en la que el nivel fue altísimo. Todavía estamos esperando, eso sí, que llegue el material puramente youtubesco, en forma de buzzer beaters y prórrogas, que suele depararnos el torneo. Y los arbitrajes, en general, han sido dantescos –no me agrada mencionar el tema, pero las circunstancias obligan-. Por lo demás, tenemos poco motivo para la queja. Los campanazos de South Carolina contra Duke, Xavier contra Florida State y, en menor medida, Wisconsin y Michigan ante Villanova y Louisville, respectivamente, tardarán en ser olvidados.

En mi opinión, al comenzar este March Madness podían contarse ocho grandes candidatos al título y dos casi-contenders. Del primer grupo, tras las eliminaciones de la vigente campeona (Villanova) y la abrumadora favorita allá por noviembre (Duke), quedan seis: Gonzaga, Kansas, North Carolina, Arizona, Kentucky y UCLA. Del segundo escalafón, liderado por Oregon, se cayó Louisville, siendo reemplazada por dos conjuntos: su verdugo, Michigan, y quien quiera que gane la impredecible Región Este, que dejará a algún equipo a dos victorias del título nacional, un escenario totalmente inesperado para las cuatro supervivientes.

Si a todo ello le sumamos el gran potencial de las restantes escuadras (West Virginia, Purdue, Butler, Xavier) nos queda un Sweet 16 de escándalo, marcado por la ausencia de un dominador claro y la sensación de que la Final Four puede quedar configurada de mil formas distintas. Ha quedado demostrado que intentar pronosticar cómo se desarrollará el torneo es una quimera. Aún así, haremos un esfuerzo por razonar lo que podemos esperar en adelante.

 

REGIÓN ESTE

#4 Florida Gators  vs #8 Wisconsin Badgers (viernes 24, 02:59).

¿Cuán sorprendente fue la victoria de Wisconsin sobre Villanova? Siempre resulta chocante ver caer a un seed 1 en el primer fin de semana de torneo, máxime cuando acude con la vitola de número uno overall y de vigente campeón. Pero los defectos de Nova que los Badgers lograron poner de relieve eran, debe admitirse, conocidos. Aunque su falta de profundidad no tenía por qué ser decisiva, la ausencia de segundas y terceras opciones para compensar las horribles actuaciones de Kris Jenkins y Mikal Bridges mató a los de Jay Wright. Wisconsin cortocircuitó la circulación de balón rival, dominó la zona e impuso su veteranía y saber hacer. Es el cuarto Sweet 16 consecutivo para los Badgers.

Personalmente, la presencia de Florida en esta ronda me resulta tanto o más inesperada que la de su contrincante. Tras la baja de su pívot John Egbunu, los Gators pasaron el mes previo al torneo al borde de la autocombustión, y llegaban al March Madness habiendo perdido tres de sus últimos seis partidos, incluyendo dos seguidos contra Vanderbilt. Sin embargo, en el Gran Baile han brillado con luz propia. Lo han hecho, además, masacrando sin contemplaciones a dos escuadras diametralmente opuestas: la anárquica y ofensiva ETSU en primera ronda y la ultradefensiva Virginia en la segunda. Su aniquilación de los Cavaliers quedará como una de las exhibiciones más potentes del presente torneo y legitima la candidatura ‘Gator’ a la Final Four.

La defensa de Florida ha sido intachable hasta ahora; tendrá, empero, más problemas ante una Wisconsin variada en registros que, como mínimo, disputará el control de la pintura mucho mejor que Virginia o ETSU. Ethan Happ partirá con una teórica ventaja sobre sus marcas y, si los Badgers (y especialmente Bronson Koenig) están atinados desde el triple, tienen armas suficientes para imponerse.

Para contrarrestarlo, Mike White insistirá en sus diversas combinaciones en el backcourt; la terna de cuatro integrada por Allen, Hill, Chiozza y Barry le proporciona una flexibilidad increíble, y de encontrar una pareja capaz de frenar a Koenig y Showalter tendrá mucho ganado. En cualquier caso, mucho de lo que ocurra tendrá que ver con el brutal emparejamiento individual entre Nigel Hayes y Devin Robinson. Comparten posición e importancia en ataque y defensa, y su rendimiento en el torneo ha sido excelso. Es el duelo a seguir.

 

#3 Baylor Bears vs #7 South Carolina Gamecocks (viernes 24, 00:29).

South Carolina, que no había ganado un partido de March Madness en 44 años, pasará a la historia como el equipo que puso fin a una de las temporadas más caóticas y entretenidas de siempre; la de Duke ’17. Los Blue Devils habían recuperado su caché de candidatos al título en las últimas semanas, pero sus problemas volvieron a ponerse de relieve el domingo. Ante la agresiva defensa exterior de los Gamecocks, echaron en falta una vez más un base puro que pusiera orden. Por otro lado, se dejaron meter 65 puntos en 20 minutos por un equipo que promedia 73. Sus figuras aparecieron poco y, con todo un pabellón en contra, acabaron hundidos y sin capacidad de reacción.

Mérito también, por supuesto, del conjunto de Frank Martin, que a su habitual excelencia defensiva ha sumado, en lo que va de torneo, una efectividad ofensiva totalmente fuera de lo normal. South Carolina parece haber superado el Thornwellsistema y ha logrado involucrar en mayor medida a secundarios de calidad como P.J Dozier, Duane Notice o Chris Silva. El guion podría volver a cambiar, eso sí, en su duelo contra Baylor, muy superior atrás en comparación con Marquette o Duke.

Una Baylor, por cierto, que sufrió de lo lindo ante la ilusionante USC. Sin ser la dinamita de principios de año, los Bears han demostrado saber competir y exhibieron una notable constancia ante los combativos Trojans. Mucho se ha criticado a Scott Drew a lo largo de los años, a pesar de haberse plantado en su cuarto Sweet 16 en ocho cursos. Lo cierto es que su acierto táctico fue fundamental para batir a USC. Con el partido en un puño y la estrella de Baylor, Johnathan Motley, sentada en el banco con problemas de faltas, Drew se la jugó al smallball, rodeando al discutido Terry Maston con cuatro pequeños, y le salió cara; un parcial de 8-0 obtenido en solitario por Manu Lecomte dio ventaja a los Bears y el resto es historia.

En el cruce que nos ocupa, es de esperar que, en buena medida, ambos contendientes se anulen recíprocamente. Baylor no tiene un backcourt de élite, y lo pasará mal ante la fenomenal defensa perimetral de South Carolina. Ésta, a su vez, encontrará en la zona 1-3-1 de Drew y sus variantes un escollo que podría desmontar su rudimentario sistema ofensivo. No debería sorprender un encuentro a pocos puntos decidido por los cracks; a fin de cuentas, y por mucho que el cartel no resulte espectacular, dos de los diez mejores jugadores del año (Thornwell y Motley) estarán sobre el parqué. Quizás tengan la última palabra.

 

 

REGIÓN OESTE

#1 Gonzaga Bulldogs vs #4 West Virginia Mountaineers (jueves 23, 00:39).

Acabó, dignamente, el sueño de Northwestern. La mejor cara de Gonzaga arrasó a los Wildcats; la peor aguantó como buenamente pudo. Los Bulldogs, que se han paseado por la WCC durante dos meses, dieron la sensación de estar poco acostumbrados a la presión de un partido importante apretado. Puede que el susto que les dio Northwestern les venga bien cara a un cruce durísimo ante la West Virginia de Bob Huggins.

‘Press Virginia’ destrozó a una Notre Dame que pasa por ser uno de los conjuntos con mejores fundamentos técnicos de toda la NCAA. Matt Farrell, el base Irish, se vio superadísimo, como si fuera un infantil jugando en la NBA. Ni Vasturia ni Beachem consiguieron ayudar demasiado. Para colmo de males, los Mountaineers, normalmente limitados en ataque, han llegado al Gran Baile bastante enchufados. Jevon Carter, Daxter Miles y Tarik Phillip hicieron trizas a los de Mike Brey no sólo en transición, sino también en estático.

Hay varios argumentos que invitan a pensar que Gonzaga puede sobrevivir a la inusitada presión de los Mountaineers, por mucho que ésta vaya a condicionar sí o sí el partido. De entrada, Mark Few tendrá cinco días para preparar a sus chicos táctica y anímicamente, detalle poco baladí al enfrentarse a un rival tan singular. El base de Gonzaga, Nigel Williams-Goss, está a priori bien equipado para combatir a WVU: es alto, es rápido y pasa y bota de maravilla. Nada que ver con Farrell.

Lo más intrigante será el papel de los hombres altos de los Bulldogs. Un interior capaz de romper la presión a partir de recepciones en el centro de la pista es la medicina perfecta contra WVU: lo vimos en el Madness de 2016, cuando la Stephen F. Austin de Thomas Walkup desmontó a los Mountaineers. Gonzaga cuenta con un siete pies rápido y móvil capaz de echar a correr con el balón (Zach Collins), un híbrido atlético que puede desempeñar la misma función (Johnathan Williams) y un tanque falto de agilidad pero sobrado de talento para el pase (Przemek Karnowski). Si Few logra explotar sus cualidades para superar la presión rival, llevará la mano ganadora. De lo contrario, tocará sudar. Y mucho.

 

#2 Arizona Wildcats vs #11 Xavier Musketeers (jueves 23, 03:09).

Si alguien me contara que, en la noche del sábado, alguien entró a la oficina de Leonard Hamilton y quemó todas las cintas de vídeo sobre Xavier, me lo creería. El triunfo de los Musketeers ante Florida State por 91-66 puede ser, por abultado, el marcador más chocante de lo que va de March Madness. Era como si los Seminoles no tuvieran ni pajolera idea de lo que iban encontrarse. “Eh, ¡nadie nos había avisado de que estos tipos defendían en zona!”. “Guau, ¡el tal Bluiett sabe jugar!”.

Coñas aparte, fue un destrozo memorable. Hamilton, como siempre, no paró de sacar chavales del banquillo, en vano. Todos naufragaron ante una Xavier que, tras perder a Edmond Sumner por lesión, parecía carne de cañón hace apenas un mes, entró al torneo por los pelos… y se ha vuelto a colar en el Sweet 16.

Enfrente tendrá a un hombre de la casa, Sean Miller, cuya Arizona convence aun sin enamorar. Creo que los Wildcats son un contender en toda regla… a pesar de que no jueguen demasiado bien. Es una escuadra que marca diferencias, sobre todo, a partir del talento individual. Y me parece lo correcto. A Miller se le da mejor crear ecosistemas favorables a sus jugadores que ventajas tácticas propiamente dichas. ¿Por qué no iba a apostar por ello cuando tiene un plantillón?

Es en defensa donde más se nota la mano del entrenador, si bien Arizona impone, principalmente, a raíz de la exuberancia física de sus hombres. Cuando los cinco van a una, son un muro. En ataque, siempre hay alguien capaz de conseguir una canasta cuando le dé la gana. Allonzo Trier, Rawle Alkins, Kadeem Allen, Kobi Simmons… Todos pueden jugarse un aclarado desde el perímetro y salir victoriosos. Por si fuera poco, Miller posee el comodín de Lauri Markkanen, que preveo indefendible para la zona de Xavier. Los Musketeers necesitarán 40 minutos casi perfectos para hacer la machada.

 

 

REGIÓN MIDWEST

#1 Kansas Jayhawks vs #4 Purdue Boilermakers (jueves 23, 02:39).

Kansas ha sido el mejor equipo de lo que va de March Madness. Es un hecho que, a mi parecer, admite poca discusión. Nadie ha ganado sus dos partidos con tanta holgura. La derrota ante TCU en el torneo de la Big XII no cuenta para nada; el techo de los Jayhawks se eleva hasta el cielo con Josh Jackson, que dio una absoluta exhibición ante la Michigan State de Miles Bridges.

¿Será Purdue la horma de su zapato? Desde luego, el cruce es interesantísimo: está muy claro por dónde pueden llegar las ventajas para ambos contendientes. Los Boilermakers tienen a Caleb Swanigan, el mejor hombre alto de la NCAA, alguien prácticamente indefendible sin ayudas. Kansas viene empleando una rotación de seis jugadores en la que el único interior puro es Landen Lucas. Y tendrá que lidiar, al mismo tiempo, con el bipolar pívot Isaac Haas (218 centímetros y 130 kilos de ser humano) y el fantástico alero Vince Edwards (un tío que parece haber nacido para jugar el NCAA Tournament. Suena a problemas.

Sin embargo, donde Purdue hace aguas es en la defensa del perímetro… y Kansas debería ponerse las botas. Frank Mason III probablemente sea el POY de la competición, Devonte Graham es un fiable complemento anotador, y frenar simultáneamente a Jackson y Svi Mykailiuk será una quimera para los Boilermakers.

Purdue viene de ganar a Iowa State en otro emparejamiento beneficioso en la pintura del que supo sacar jugo. Colocar a Swanigan en disposición de regalar un 25-15 o algo por el estilo debe ser prioritario para Matt Painter, pero no bastará. El rendimiento de sus exteriores (especialmente el de Thompson y Carson Edwards, los más irregulares) marcará el partido a mejor o a peor; sin una aportación valiosa atrás y sin acierto desde el triple, las opciones de los Boilermakers se reducen imperiosamente.

 

#3 Oregon Ducks vs #7 Michigan Wolverines (jueves 23, 00:09).

¿Es Michigan el Team of Destiny de este March Madness o existe una lógica poderosa detrás de su tremenda irrupción en el Sweet 16? Lamento quitarle magia al relato, pero me inclino por la segunda opción. Lo siento. El hecho de que los Wolverines dieran pena durante un buen lapso del curso no quita que tengan una colección de piezas diseñada para hacer daño en el torneo. Era cuestión de encajarlas en el momento oportuno. Y John Beilein no sólo lo ha conseguido; por el camino, además, ha ido encontrando las piezas que faltaban.

Michigan siempre tuvo la calidad exterior y la predisposición al bombardeo triplista tan necesarios para avanzar rondas en el Gran Baile. Las dudas pendían sobre otros caracteres como el orden en ataque, la selección de tiro, la defensa o la ausencia de un interior determinante. Poco a poco, los Wolverines han ido eliminando sospechas. Ya en el tramo final de la temporada regular se advirtió en ellos un poso diferente, de la mano de la madurez alcanzada por el binomio Walton-Irvin. Lo más sorprendente ha sido contemplar cómo han alcanzado un rendimiento óptimo atrás y, sobre todo, la decisiva aparición del pívot Moritz Wagner, que machacó al imponente frontcourt de Louisville el pasado domingo.

La siguiente etapa la marca Oregon, que está dejando sensaciones contradictorias. En contra: la lesión de Chris Boucher justo antes del torneo fue un palo, Dillon Brooks sigue buscando su mejor versión y la defensa colectiva ha perdido algo de fuerza. A favor: sigue siendo una de las escuadras más equilibradas del país, Tyler Dorsey está en estado de gracia y, a la hora de la verdad, Brooks es tan clutch como el que más.

Las tendencias parecen completamente contrapuestas, pero ni por asomo será un compromiso fácil para Michigan, a quien las apuestas dan como favorita. Será interesante observar si Dana Altman se arriesga a un toma y daca (donde Oregon puede competir sin llevar las de ganar) o si acepta traicionarse un poco para buscar un ritmo apaciguado. En cualquier caso, fascinante cruce.

 

 

REGIÓN SUR

#1 North Carolina Tar Heels vs #4 Butler Bulldogs (viernes 24, 00:09).

Muchas alarmas han saltado en torno a UNC tras verse contra las cuerdas en su duelo de segunda ronda contra Arkansas, y creo que sería aconsejable relajarse un poco. Sí, los Tar Hells ofrecieron una actuación bajo par y dejaron que un rival objetivamente mediocre se les subiera a las barbas. En el desenlace hubo algo de fortuna, sí, pero también una reacción que, personalmente, me pareció propia de equipo grande. Si aquel era el ‘partido tonto’ correspondiente a este torneo, North Carolina puede estar tranquila.

Los Tar Heels llegan al Sweet 16 con dos certezas contradictorias. La primera es que son mejores que Butler, sin que quepa mucha duda al respecto. La segunda es que Butler se lo va a poner muy difícil, y tampoco es que pueda cuestionarse. De un tiempo a esta parte, los Bulldogs han cambiado el vestido de Cenicienta por el traje de funcionario; The Butler Way, empero, es exactamente igual. Continúa la apuesta por el baloncesto metódico y bien jugado, por el énfasis de lo coral, por el pragmatismo disfrazado de purismo. Persiste, por tanto, el eterno rol de hueso duro de roer.

Butler desmontó a la ilusionante –e ilusionada- Middle Tennessee como mejor sabe: desnudando las vergüenzas del adversario. Los Blue Raiders no tenían respuesta contra Andrew Chrabascz y su zona 1-3-1 era vulnerable en las inmediaciones del aro. A los Bulldogs les bastó con explotar esas debilidades para obtener una victoria relativamente cómoda. El de Chris Holtmann no es un conjunto sobrado de pólvora, pero suele encontrar respuestas en ataque y, a unas malas, cuenta con el as en la manga de Kelan Martin saliendo desde el banquillo.

El mayor problema al que puede enfrentarse UNC es que la defensa exterior de Butler ahogue a Joel Berry II. El base de los Tar Heels no jugó especialmente bien el pasado fin de semana, y los Bulldogs ya aplicaron su tratamiento de choque a dos grandes anotadores como Keon Johnson y Giddy Potts. Aún así, es difícil imaginar a Butler frenando a Justin Jackson y, sobre todo, evitando los rebotes ofensivos de North Carolina, un factor que apunta a ser la clave definitoria del duelo.

 

#2 Kentucky Wildcats vs #3 UCLA Bruins (viernes 24, 02:39).

Lo mejor, para el final. El Kentucky – UCLA suma 23 títulos nacionales y cuenta con un espectacular precedente (97-92 para los Bruins) esta misma temporada; su enfrentamiento de diciembre deparó uno de los mejores partidos del año. UCLA ha superado con holgura a Kent State y Cincinnati, mientras que Kentucky sudó tinta para imponerse a Wichita State. Pero esto es lo de menos: ¿qué nos espera aquí?

UCLA posee una de las maquinarias ofensivas más potentes jamás vistas en la NCAA, y no es una exageración. Su lista de ¡seis! jugadores con promedio de anotación en dobles dígitos alberga una versatilidad increíble. Los Bruins siempre tienen un tío en disposición de meter una canasta. Alford es un triplista letal, Holiday ataca el aro sin compasión, Hamilton suma puntos casi sin querer, Welsh posee un tiro de cuatro metros casi infalible y Leaf aúna todas las cualidades anteriores. Y luego está Lonzo Ball, claro, alma, sistema y razón de ser de este equipo, la pieza maestra que echa a andar todo el engranaje. No me voy a enrollar con el chaval a estar alturas. Es un jodido genio, y punto.

No voy a enumerar las armas individuales de Kentucky, que también son multitud, porque el mayor interrogante del choque reside en el enfoque colectivo que escoja John Calipari. La cuestión es la siguiente: no hay mejor versión de los Wildcats que la que corre, con De’Aaron Fox desatándose en transición escoltado por Monk y Briscoe, y UK se siente cómoda con un ritmo elevado. El problema es que, en tal contexto, UCLA es superior. ¿Optará Coach Cal por llevar el partido al barro y confiar en que la cara menos buena de sus Wildcats sea mejor que la cara menos buena de los Bruins?

Otro dilema que se le presenta a Calipari es cómo configurar su rotación de forma que el rebote defensivo quede protegido sin sacrificar su producción ofensiva. Estadísticamente, Kentucky es un equipo de élite al rebote, pero los datos esconden la debilidad mostrada por los Wildcats ocasionalmente, como ocurrió precisamente en el enfrentamiento con UCLA de diciembre o, sin ir más lejos, el domingo ante Wichita State. Derek Willis se ha hecho con la titularidad porque, simple y llanamente, es el segundo mejor tirador del equipo y Calipari no puede permitirse prescindir de él. No obstante, su presencia resta fiabilidad defensiva a los Wildcats, y con los Bruins delante eso es mal negocio. La distribución de minutos entre Willis y Wenyen Gabriel será un aspecto a seguir.

Todo lo anterior no quiere decir que UCLA sea un equipo perfecto, ni mucho menos. Los Bruins flojean atrás y no parecen tener argumentos para detener a una Kentucky en modo berserker. La cuestión, insisto, es que si el partido se convierte en un tiroteo, UCLA lleva las de ganar. Pero en el March Madness no hay lugar para los adivinos. Como hemos visto, puede pasar de todo.