Los hombres de Erik Spoelstra agrandan su leyenda venciendo a los San Antonio Spurs en una de las mejores finales que se recuerdan.

Segundo título desde la formación del big-three con LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh para unos Heat que cuentan sus temporadas por finales desde su llegada. Tercer anillo de campeón para la franquicia de Florida que ya conquistó el título la temporada 2005/06, venciendo en la final a Dallas Mavericks por 4-2. Por aquel entonces era Wade el principal referente de los Heat, apoyado por supuesto en un Shaquille O’Neal, que pese a no ser el pívot absolutamente dominante, seguía siendo un peso pesado en la pintura. De aquel equipo campeón sólo Udonis Haslem y el ya citado Dwyane Wade permanecen a día de hoy en la plantilla, y aunque ambos han perdido bastante peso en los actuales Heat forman sin duda parte de la historia de esta franquicia.

El 8 de julio de 2010 los Heat volvían a aspirar a lo máximo con la decisión de LeBron James que firmar como agente libre por los Heat para unirse a Wade y Bosh para formar el conocido como big-three. La recompensa fue casi inmediata, alcanzado la final de la NBA en su primer año juntos. En ella los Heat se reencontrarían con un viejo conocido, los Dallas Mavericks de Dirk Nowitzki, que habían evolucionado desde su derrota en 2006 y que, esta vez sí, se proclamaron campeones, asestando un duro golpe a la moral del big-three.

Esta derrota sin embargo sirvió a los actuales Heat como motivación y experiencia para el futuro inmediato que encontrarían, ya que tan sólo un año después (la temporada pasada) alcanzaron de nuevo la final. En esta ocasión su rival fueron los Oklahoma City Thunder de Kevin Durant, que pese a tener el factor cancha a su favor no pudieron más que ver como Miami Heat imponía su superioridad de forma manifiesta alzándose con la victoria final por un claro 4-1. Los Heat se reponían así del fracaso de la temporada anterior, acabando además con las críticas de medios y seguidores.

Esta temporada la historia no cambiaba y los hombres de Erik Spoelstra volvían a firmar una impecable temporada regular, que remataron alcanzando su tercera final consecutiva a costa de unos combativos Indiana Pacers que complicaron y mucho el camino de los Heat. En la final esperaban San Antonio Spurs. En el que ha sido sin duda el mayor reto de LeBron James y compañía hasta la fecha. La franquicia texana tomó la delantera en el primer partido y fue por delante durante toda la serie final. Así fue llegamos a un momento crítico para los de Florida, al último cuarto del sexto encuentro cuando los Spurs parecían a un único paso del anillo de campeón. Y todavía lo tuvieron más cerca cuando a falta de 28 segundos para la conclusión San Antonio dominaba el marcador por 5 puntos. El desenlace de aquel partido lo conocemos todos: dos triples de LeBron James y Ray Allen forzaban una prórroga en la que los Heat dejarían patente su sello de campeón, dando la vuelta al marcador para colocar el empate a 3 en la serie. Todo se decidiría en el séptimo.

Y así ha sido. Un séptimo partido igualado y competitivo, como no podía ser de otra forma. Comandado prácticamente desde el principio por Miami, pero con unos combativos Spurs que lucharon por la victoria final hasta el último minuto. Con un LeBron James, galardonado evidentemente con el MVP de estas finales, a la altura de las expectativas que siempre ha generado: 37 puntos y 12 rebotes en el partido clave. Pero más allá de los números, mostrando una descomunal sobriedad, tranquilidad y superioridad durante todo el encuentro. Controlando el juego de su equipo y siendo decisivo tanto en ataque como en defensa. Pero ha habido más que LeBron en esta final. Los Heat han contado con Wade que, aunque intermitente, ha sido también pieza clave para la victoria final. Un Chris Bosh que acabó sin puntos pero que firmó una sensacional defensa sobre Tim Duncan a lo largo de sus casi 28 minutos en pista. Un Shane Battier letal desde el triple en el séptimo, como lo fuera Mike Miller en el encuentro anterior. Un Chris Andersen que intimida y marca diferencias en la defensa interior. Un Mario Chalmers que se ha convertido en el sólido base que tanto han buscado en Miami. Y un Ray Allen errático, pero que ya cumplió sobradamente en el sexto. En conjunto: un equipo campeón que ha demostrado día a día ser el mejor.