Phil Ford, Bob McAdoo, Michael Jordan, James Worthy, Sam Perkins, Jerry Stackhouse, Vince Carter, Antawn Jamison, Tyler Hansbrough, Harrison Barnes… la historia de un programa y de jugadores como los de North Carolina no tiene fin. Una universidad de leyenda, por títulos, por tradición, por grandeza, por albergar al mejor jugador de baloncesto de la historia, por sus rivalidades, por tener a algunos de los entrenadores más laureados. Historia, al fin y al cabo. Y toda historia tiene un principio.

Esta temporada se cumplen sesenta años del inicio de la conquista de los Tar Heels en el baloncesto universitario. Una temporada 1956-57 que pasará al recuerdo por ser la primera  -y hasta ahora única- temporada de los Heels sin conocer la derrota, siendo campeones nacionales con un magnífico balance de 32-0. Segundo programa de baloncesto en la fecha en lograr una temporada perfecta sin derrotas. Qué mejor colofón para el primer título nacional para el programa en su historia. Con ellos empezó todo, que diría un iluminado futbolista.

Una temporada perfecta que, como era de esperar, no resultó ser precisamente un camino de rosas. De hecho, esa temporada se pudo disfrutar de una de las Final Four más inverosímiles de todas las disputadas hasta la fecha.

North Carolina se plantó en Kansas City con un inmaculado récord de 30-0. Un 22 de marzo, el equipo dirigido por el mítico Frank McGuire se enfrentaría a otro de los históricos programas de baloncesto universitario, los Spartans de Michigan State, con Jack Quiggle y Johnny ‘Jumpin’ Green al frente. Con 10.000 aficionados en las gradas del Kansas City’s Municipal Auditorium, el encuentro fue un continuo toma y daca que se tuvo que decidir en los últimos instantes del choque. Con un choque igualado a 58, los Spartans tenían una oportunidad de oro para vencer a los históricos Tar Heels, pero una canasta de Jack Quiggle prácticamente sobre la bocina fue anulada por el equipo arbitral al encontrarse fuera de tiempo. Prórroga.

«No teníamos repeticiones por aquel entonces», relataba Johnny Green años más tarde. «Creímos que Jack lanzó la pelota a tiempo, pero la bocina sonó antes de que atravesara la canasta, y los árbitros dijeron que no era válido. Habríamos derrotado a North Carolina si no hubiese sido por esa bocina».

Michigan State tenía una segunda oportunidad para hacer historia. Los Spartans lideraban el choque 64-62 y Green dispuso de un tiro libre a once segundos para el final. Pero no era el día de los de East Lansing. Green erraba el tiro libre del que disponía, y en la última acción de esta prórroga el balón cayó en las manos de Pete Brennan, que anotaría sobre la bocina para forzar un segundo tiempo extra. Los Tar Heels sobrevivirían en un segundo tiempo extra marcado por el nerviosismo y el desacierto ofensivo, llegando a un tercer tiempo extra con un 66-66 que pocos esperaban.

El partido se convirtió en un duelo individual entre las dos estrellas de ambos equipos, los escoltas Johnny Green y Lennie Rosenbluth, tanto en el aspecto ofensivo como defensivo. El Tar Heel finalizó con 31 puntos, mientras que Green sumó 11 puntos y 19 rebotes.

«Ambos medíamos 6’5’’, pero mis tiros eran bloqueados por Green continuamente, lo que me obligó a salir fuera a tirar», relataba Rosenbluth para el Raleigh News. «Nunca vi a nadie saltar como lo hacía él, y tenía las manos más rápidas que he visto jamás».

Rosenbluth decidió finalmente el choque para los Tar Heels en esta tercera prórroga, dando el pase a la final de la NCAA por 74-71 para orgullo y suplicio de los de Chapel Hill.

Pero lo mejor estaba aún por llegar. Apenas 24 horas después de un maratoniano y exigente encuentro, la universidad de North Carolina aspiraba a su primer título universitario de su historia. Y el rival no era cualquier rival. Kansas City se vistió de gala para recibir al equipo de casa, unos Kansas Jayhawks que llegaban tras vencer en la otra semifinal a San Francisco con contundencia por 56-80.

Muchos aseguran que ésta ha sido la final universitaria más emocionante de la historia. Por un lado, los imbatibles Tar Heels de North Carolina de Lennie Rosenbluth y dirigidos por Frank McGuire, precursor del gran Dean Smith, con un 31-0 inapelable. En el otro lado, uno de los jugadores más espectaculares de la historia del baloncesto, Wilt Chamberlain, el hombre que ha pulverizado todos los récords como profesional. El partido, desde luego, prometía.

Chamberlain en el poste era imparable, era conocido por todos, Frank McGuire el primero. El entrenador de los Tar Heels ideó una estrategia para limitar el movimiento de Chamberlain cerca del aro conocida como el «triple-teaming», colocando sobre él a un jugador por delante, a otro jugador por detrás de él y a un tercer jugador que llegaba como ayuda cada vez que el gigante de Philadelphia recibiese el balón. La táctica de McGuire fue duramente criticada por los aficionados y jugadores rivales, hasta el punto de ser considerada deshonrosa, y es que uno de los jugadores colocados por McGuire en este «triple-teaming» fue Tommy Kearns, uno de los jugadores más bajos de la plantilla, y que tenía como único rol en la pista el desestabilizar físicamente a Chamberlain, de 7’1’’ de altura.

Pese a ser una estrategia poco ortodoxa, le funcionó a los Tar Heels durante la primera mitad, yendo por delante del encuentro por 29-22 y lanzando con un 64% de efectividad, por el 27% de los Jayhawks. Durante la segunda mitad, McGuire ordenó una circulación intensiva del balón en ataque, sin intención de tirar a canasta, con el único fin de que Chamberlain no tuviese el balón.

«Hicimos un baloncesto de control para que Wilt no tuviese la pelota», comentaba Rosenbluth. «Una vez tuviese la bola en su poder, no podías detenerlo de ninguna manera. Era frustrante».

Sin embargo, Chamberlain logró zafarse de sus defensores y comenzaba a imperar su ley, reduciendo las ventajas y liderando a una Kansas que se había quedado paralizada por las intensas defensas visitantes. Finalmente, el encuentro finalizó con un igualado 46-46 que obligó nuevamente a los Tar Heels a sumar más tiempos extra a su ya extraviado físico. En la primera prórroga, ambos equipos anotaron únicamente dos puntos, y en la segunda prórroga, pese al intento de los Tar Heels, Kansas logró adueñarse del balón, pero tampoco logró el objetivo de la victoria.

Con su sexta prórroga en apenas 24 horas, North Carolina tenía que darlo todo. Empezaron muy bien anotando dos canastas consecutivas, pero un 2+1 de Wilt Chamberlain reducía distancias hasta el 52-51. Pero con diez segundos para el final, una falta sobre Joe Quigg daba dos tiros libres para North Carolina, que pondría el 54-53. La última bola era para Kansas, y el entrenador, Dick Harp, tenía clara la estrategia: balones a Wilt. Ron Loneski sacaba de banda, con Chamberlain posicionado ya en el poste bajo ganando la posición, pero para desgracia de la gran mayoría del público asistente, el balón de Loneski fue interceptado por un defensor antes de llegar a las manos de Wilt, y el título acabó cayendo del lado de los Heels.

Chamberlain se fue con 23 puntos, 14 rebotes y siendo designado como Most Outstanding Player de la Final Four. Sin embargo, no olvidará este partido, hasta el punto de llegar a admitir que ha sido la derrota más dolorosa de su vida deportiva. Y no es para menos, ya que el campeonato universitario ha sido probablemente el único título que se le ha escapado a Chamberlain en toda su trayectoria como jugador de baloncesto.

El primer título de North Carolina, la temporada perfecta, las tácticas poco ortodoxas de Frank McGuire, la victoria de la única plantilla de raza blanca de la Final Four, la derrota de Wilt Chamberlain, las seis prórrogas… y todo ello en terreno hostil.

«Estoy orgulloso de los chicos con los que he jugado, han sido algunos de mis mejores amigos durante 50 años», afirmaba Pete Brennan en el 50 aniversario de tal proeza. «Ha habido mejores jugadores que nosotros, pero dudo que haya habido un equipo mejor», le contestaba Lennie Rosenbluth.

Todos recordaremos a los Jordan, Worthy, Carter y compañía, héroes de este deporte para muchos de nosotros. Pero pocos recuerdan a esta generación, esta Final Four, el comienzo de la historia de los North Carolina Tar Heels. Ellos eran los héroes de nuestros héroes, y se merecen recordarlos.

 

>> Artículo incluido dentro de la revista «Esperando Marzo» de su edición de Febrero.