Y sólo quedaron cuatro. Kansas, Villanova, Michigan y Loyola-Chicago se encargarán de decidir la corona universitaria con el Alamadome como testigo. A unas horas del pistoletazo de salida, repasamos las claves de cada equipo que pueden decantar la balanza. 

Loyola-Chicago, algo más que una Cenicienta

  • El espíritu de Rick Majerus

Aún tiene su número guardado en el móvil. Sabe que no le va a contestar, pero si ganan, Porter Moser le llamará de todas formas. La última pieza del legado de Rick Majerus está en un equipo al que lo de Cenicienta se le empieza a quedar corto. Todas sus sorpresas tienen denominador común: un juego maravilloso.

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El que fuera su asistente en Utah ha impregnado a sus chicos de las enseñanzas de su maestro. Los Ramblers son eficientes, pero también divertidos. Pluralidad, creación de espacios y extra-pass. Esas son las señas de identidad de un equipo que capaz de tener a cinco jugadores en dobles figuras (su máximo anotador, Clayton Custer, no supera los 14 puntos por encuentro). Dominan el bloqueo directo, son pacientes y su prioridad no está en buscar a su referencia, sino en encontrar el mejor tiro posible. No destacan por su número de posesiones, pero sí por cómo las aprovechan.

De esta manera, no es casualidad que Loyola-Chicago sea el undécimo mejor equipo de la NCAA en triples, o el noveno en tiro de dos. Tampoco que parezcan conocer a sus rivales de toda la vida. El espíritu de Majerus también vive en la preparación de los Ramblers. El vestuario de la sorpresa del Madness está empapelado con pósters de sistemas y acciones del oponente. Bryan Mullins, asistente de Moser, dice que en las sesiones de vídeo basta con decir el nombre de la jugada. Van con la lección aprendida.

Primero fue Miami, luego Tennessee, después Nevada y finalmente Kansas State. Ahora puede ser cualquiera. Lo han demostrado, son algo más que una Cenicienta.

  • Ben & Clayton

Se conocieron con 9 años y no han parado de ganar desde entonces. Juntos, eso sí. En su carrera en el instituto de Blue Valley Northwest registraron un récord total de 94-6, jugaron cuatro torneos estatales de Kansas consecutivos y fueron campeones los dos últimos años.

Sin embargo, hasta hace unas semanas, no era extraño que a Ben Richardson y Clayton Custer los confundieran con los utilleros. “No somos imponentes, lo sabemos,” dice Custer. Tuvieron que ganarse el respeto en la cancha, como ahora. Sus caminos se separaron al terminar secundaria. Ben se comprometió con los Ramblers y el pedigrí de Clayton le condujo a Iowa State. Sin embargo, las circunstancias y la amistad les reunió de nuevo.

La falta de minutos de Clayton forzó su salida de los Cyclones. Necesitaba volver a disfrutar del baloncesto, así que su nuevo destino no fue ninguna sorpresa. Volvieron a jugar juntos, pero sobre todo, volvieron a ganar. El mismo lazo que se estrechó tras horas y horas lanzando tiros en una cancha de Kansas hoy pide la corona universitaria. Y a base de triples.

Michigan, el triunfo del underdog

  • Defensa y trance

El año pasado fue un accidente de avión, este año su compromiso con redimirse. Sea como sea, John Beilein lo ha vuelto a hacer. Nadie contaba con los Wolverines hasta que el título de la Big Ten rompió con todos los guiones. La fórmula para conseguirla fue la misma que la que han utilizado para sobrevivir en marzo: defensa y un saco de triples.

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Michigan no ha permitido más de 72 puntos al rival durante el torneo final, y éstos fueron tras una paliza de 27 puntos a Texas A&M. La última vez que recibieron más fue en una prórroga ante Minnesota el pasado 3 de febrero. Físico, agresividad y versatilidad en la línea exterior. Los ingredientes para un muro con muy pocas grietas.

La defensa es el motor de un ataque imprevisible. Los Wolverines apuestan por un baloncesto valiente, siempre y cuando el rendimiento atrás acompañe. Beilein hace de la defensa el pretexto para correr y sacar a relucir su arsenal de perímetro Moritz Wagner, Jordan Poole, Abdur Rankman, Duncan Robinson. Todos son amenazas exteriores, todos lanzan más de cuatro triples por encuentro y cualquiera de ellos puede tener el día.

Más por cantidad que por calidad, los Wolverines son capaces de romper el partido en cualquier instante. Primero imponen su físico, luego marcan las distancias y después esperan su momento. Imprevisibles y con el reto de buscar solución a la labor coral de los Ramblers.

  • El desajuste alemán

Moritz Wagner ha dado lo que su progresión prometía el año pasado. Liderazgo, carácter y una dosis diferencial de versatilidad. Un todoterreno aún con limitaciones pero con recursos para llevar a los Wolverines allá donde dicte su épica.

Los ojos están puestos en el alemán por lo evidente, pero también por las circunstancias de su rival. Enfrente tendrá a Cameron Krutwig, la referencia interior de los Ramblers y la llave del equilibrio ofensivo de los suyos. Su juego de pies y su solvencia en la finalización lo convierten en un dolor de cabeza para Beilein. Sin embargo, su peso lo convierte en una presa para Wagner. Los aleros de Nevada le hicieron la vida imposible corriendo de lado a lado y alejándolo del aro en defensa. “Moe” podría hacer lo mismo.

Kansas, pólvora y martillo

  • Malik Newman y la batalla del perímetro

Tres años después, con una cuestionable parada en Mississippi State de por medio y una temporada en blanco para madurar, el March Madness está siendo testigo del Malik Newman que quería comerse el mundo en el instituto. Su combinación de puntería y confianza han convertido al verdugo de Duke en el jugador del momento del baloncesto universitario.

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Todos van a querer pararle, empezando por Villanova, pero eso puede ser un arma de doble filo. La actividad sin balón de Newman puede ser el pretexto perfecto para que sus compañeros salten a la palestra. Y no son cualquiera. Actualidad aparte, Devonte Graham sigue siendo el jefe, y Sviatoslav Mykhaliuk, una de las muñecas más letales de la NCAA. Entre los dos suman 220 triples, el segundo dúo más prolífico de la competición.

De la cohesión de todas ellas, su acierto y el foco en el siguiente punto que vamos a tratar, saldrá la mecha que puede dinamitar la Final Four.

  • Los problemas de faltas de Azubuike

Decir que es el factor más determinante de la Final Four no sería ninguna locura. La presencia de Udoka Azubuike cambia partidos. En el rebote, en defensa, en el equilibrio ofensivo. Su impacto va mucho más allá de los números. El guión de un encuentro de los Jayhawks depende de sus minutos en pista, y éstos a su vez dependen de la facilidad para meterse en problemas de faltas.

Su potencia física hace que parezca un gigante entre niños, y eso, en ocasiones, puede ser una grieta. La mitad de las preguntas en la rueda de prensa del viernes trataban de lo mismo. La otra, sobre la emocionante visita de su madre, que viajará desde Nigeria para verle jugar. Para solucionar lo primero promete cabeza y una buena preparación táctica, para aprovechar lo segundo asegura dejarlo todo en San Antonio. Kansas lo necesita, tanto para solucionar las carencias que presentan en el rebote defensivo como para ganar espacio para sus tiradores. Si su minutero supera la treintena, Bill Self podría tener mucho ganado.

Villanova, la favorita

  • La obra maestra de Jay Wright

Los Wildcats pueden desconectarse un instante, colapsarse unos minutos, que siempre encuentran una solución para salir adelante. No se puede entender la solidez de Villanova sin los intangibles. Su capacidad para sumar en situaciones adversas les hace camaleónicos en cualquier circunstancia. Ahí también juegan la versatilidad y los recursos. A Jay Wright le sobran.

Pero porque ha sabido obtenerlos. En su tercera temporada Jalen Brunson ha sido nombrado Jugador del Año en la NCAA. También a la tercera, Mikal Bridges ha pasado de diamante en bruto a potencial Top 10 del próximo Draft. Tras esa primera campaña de ambos, perdió a Ryan Arcidiacono, pero ahora tiene a Donte DiVincenzo. Otro soldado a su servicio, otra obra de su ingeniería.

Porque cuando intentas parar a los dos primeros te sale el tercero, y si no, aparece Omari Spellman. El Factor X de los Wildcats se ha refugiado en su progresión física para irrumpir en el mejor momento posible. El que quiera frenarles tendrá que apagar muchos fuegos, sin olvidarse del oficio de Eric Paschall o el pegamento de Phil Booth. Y es que con Booth han perdido sólo cuatro partidos de sus últimos treinta, pero sin él, dos de sus últimos ocho.

  • Jalen Brunson vs Devonte Graham

Si la batalla está en el perímetro, Brunson y Graham llevan los estandartes. Los focos están en Malik Newman, los ojeadores NBA en Mikal Bridges, pero las jerarquías son implacables. Brunson ha dado una lección de liderazgo en este Madness. Sea dirigiendo, anotando o incluso generando desde el poste. Pero sobre todo, apareciendo cuando su equipo le necesitaba.

Con la experiencia de hace dos años como respaldo, llega en el mejor momento posible. Todo lo contrario que Graham. Su talento es indiscutible, no así su rendimiento reciente. Newman lo ha acaparado todo, aunque tampoco ha estado a la altura. Su partido ante Penn State en primera ronda fue un espejismo. Desde entonces, malos porcentajes y defensa cuestionable.

Sin embargo, una vez saltas a la pista en una Final Four, lo que ocurrió ayer importa poco o nada. Su duelo quizá no sea determinante, pero está en boca de todos. Ambos representan figuras ejemplares del modelo universitario, veteranos veinteañeros con las riendas de su alma mater. Baloncesto universitario en estado puro.