Como comentamos en la anterior entrada, aquella maldita lesión del tendón de Aquiles supuso un empujón, esta vez sí, hacia la cuesta abajo (que cada vez era más pronunciada) de la carrera de un Bryant que aún, pese a su envidiable longevidad en la Liga (y más aún si se tienen en cuenta, metafóricamente hablando, los kilómetros recorridos durante todos esos años), no se había empezado siquiera a atisbar.

17 temporadas bajo sus espaldas y, hasta aquel fatídico momento, por mucho que era de prever que de un momento a otro el ocaso podía comenzar a llenar de más oscuros que claros su periplo en la Liga, Kobe parecía sumido en una meseta interminable de madurez en lo que a nivel de juego se refiere y plenitud en lo que a capacidad física concierne.

2013-14.

8 de Diciembre de 2013. Se habló durante muchas semanas de que su regreso podía ser el día de Navidad frente a los Heat, vigentes campeones, pero para sorpresa de muchos el debut en aquella efímera campaña para él se produjo dos semanas antes, en el STAPLES, en casa, frente a Toronto.

También 2 semanas antes de su debut había vuelto a ser noticia, puesto que se anunció su renovación por 2 temporadas más (terminaba contrato en aquel verano de 2014) y un montante total de $48.5 millones.

Deportivamente hablando, aquel era un partido más que asequible a priori frente a unos Raptors que llegaban con un pírrico récord de 6-12. Los Lakers, en cambio, contaban con un sorprendente récord de 10-10 (teniendo en cuenta las numerosas bajas que había ido sufriendo la plantilla con el trascurso de las jornadas) y guardaban la esperanza de que, con un Kobe recuperado, la pelea por los Play-Offs pudiera ser una realidad con el paso de las semanas.

Bryant disputó en aquella dolorosa derrota por 106 a 94 un total de 28 minutos, contabilizando 9 puntos, 8 rebotes, 4 asistencias y 2 robos pero con un nada efectivo 2/9 en TC junto a 8 pérdidas. Se pudo ver aquella noche que podía ser más complicado de lo que en un principio cabía pensar el encaje del “24” en aquel equipo de Mike D’Antoni que se caracterizaba por jugar a ritmos altos y con un protagonismo cada vez creciente de Jodie Meeks, jugador que precisamente parecía que iba a sentar Bryant en los momentos decisivos en cuanto estuviera a pleno rendimiento.

En la noche siguiente, contra los sorprendentes Suns, se pudo ver una franca mejoría en el juego del escolta de Filadelfia: en 29 minutos (esta vez sí se estaban respetando los límites de minutos para con él), 20 puntos, 2 rebotes y 3 asistencias con un 6/11 en TC que, sin embargo, no evitó una nueva derrota Laker. Y en los siguientes 3 partidos continuó alternando noches desastrosas (en OKC y ATL) con partidos más que meritorios (en Charlotte, en su primera victoria del curso). Se llegó entonces al partido en Memphis, donde un Kobe ya “instalado” en la franja de los 32 minutos de juego recordó durante muchos momentos al de años anteriores, anotando en momentos clave y siendo decisivo en la victoria frente a los de Tennessee por 96-92. Sin embargo, en una jugada fortuita frente a Tony Allen a falta de algo más de 3 minutos para finalizar el tercer cuarto, se lastimó la rodilla izquierda.

Parecía que no era nada, puesto que fue capaz de terminar el partido (y de seguir anotando), pero tras el mismo se anunció que sufría una pequeña fractura en la tibia izquierda. El período estimado de baja era de unas 6 semanas, pero el regreso en aquella 2013-14 no se produjo jamás. Para muchos, por tanking reasons, para unos pocos, porque su estado físico no era aún el óptimo, pero el caso es que Bryant decía adiós a la campaña habiendo sido de la partida únicamente en 6 juegos.

Se guardaba por entonces la esperanza de que tras otros 8-9 meses descansando pudiera volver a enfundarse la camiseta de púrpura y oro a un nivel más que decente.

2014-15.

Temporada nueva en la que, al fin, iba a poder ser de la partida desde el inicio. También con nuevo técnico, un Byron Scott del cual se podía decir que había sido contratado más por su relación con el propio Kobe que por sus capacidades como entrenador. En cualquier caso, cogiendo ritmo desde el primer día y con un estilo de juego que nada tenía que ver con el llevado el año anterior por D’Antoni, fue de la partida en los primeros 27 partidos de temporada regular, con back-to-backs incluidos. Cifra nada desdeñable teniendo en cuenta los precedentes, pero lo que se iba viendo en la pista con el paso de las noches no daba pie al optimismo.

Tras un buen inicio en lo que a anotación “por volumen” se refiere (en los 17 primeros partidos, 26.6 puntos de promedio junto a 5.4 rebotes, 4.6 asistencias y 1.4 robos, pero con un nada efectivo 39.2% de acierto en TC y, lo que es más sorprendente, 36 minutos de promedio por noche con algunos encuentros de hasta 44 minutos), con un más que meritorio triple doble de 31/11/12 contra Toronto precisamente en el encuentro nº17 de Regular Season, se comenzó a ver a un Kobe exhausto que jornada tras jornada fue viendo cómo su rendimiento iba bajando merced también a unas molestias físicas cada vez crecientes: en los siguientes 10 partidos sus promedios en minutos se mantuvieron (34.6) mientras que su %TC bajaba al 33.5%, la anotación a 21.2 y las pérdidas se incrementaban de 2.9 a 4.5.

Lógicamente, ese insostenible minutaje estaba haciendo mella en un jugador que ya contaba con más de 36 años. Comenzó entonces la famosa época del “General Soreness“, en la que no se sabía hasta escasas horas antes del encuentro si Kobe sería o no de la partida por sus molestias físicas. Se perdió el partido número 28 de RS contra GS y, con él, faltó a 8 de lo siguientes 16 compromisos de la franquicia angelina. Mientras tanto, cuando era de la partida su rendimiento seguía siendo similar al del segundo “tramo” antes comentado (y su carga de minutos, lo cual resultaba a todas luces incomprensible). En los citados 8 partidos, 34.5 minutos de promedio con una producción de 22.3 puntos y un 37.3% en TC.

Hasta que en la visita de los angelinos a Nueva Orleans su hombro derecho decidió que ya había sido suficiente. Venía arrastrando molestias en el mismo desde jornadas atrás, pero aquella noche fue cuando se terminó desgarrando el manguito de los rotadores de la citada articulación. Resultó llamativo cómo en los minutos finales del encuentro evitaba utilizar la mano derecha cuando cogía el balón (dejando entre medias alguna canasta con la izquierda de gran belleza), lo cual hacía presagiar que nada bueno podía salir en el parte médico angelino tras el partido.

Efectivamente, otra temporada que finalizaba para Bryant. Globalmente, en los 35 encuentros que disputó promedió 22.3 puntos, 5.7 rebotes y 5.6 asistencias, que sin embargo se vieron eclipsados por el pírrico 37.3% en TC y 29.3% en TC.

2015-16.

La ya anunciada última temporada de Kobe Bryant como jugador en activo fue una sucesión de altibajos en lo que a rendimiento se refiere pero en la que, a la vez, y de una vez por todas, consiguió iniciar y terminar en un aceptable estado físico tras su lesión de 2013. Disputó 66 partidos con unos promedios de 28.2 minutos por noche, 17.6 puntos, 3.7 rebotes y 2.8 asistencias con un 35.8% en TC. Se quedó por debajo de la decena de puntos en 11 ocasiones (máximo desde su año Sophomore), incluso encadenando 4 choques consecutivos por debajo de los citados 10 puntos. Por otra parte, “sólo” superó la treintena de puntos en 6 ocasiones, pero una de esas noches la tenía marcada con una X en el calendario.

Contra los Utah Jazz, en el STAPLES, en su última noche como jugador profesional de baloncesto, Bryant hizo un ejercicio de “contención” para después desplegar sobre la pista sus últimas gotas de baloncesto: jugó 42 de los 48 minutos del encuentro, tiró un total de 50 lanzamientos de campo (para anotar 22) y se fue hasta los 60 puntos, siendo, por supuesto, el jugador más veterano en alcanzar dicha marca. La ovación del público angelino fue de acuerdo a lo observado aquella noche del 13 de Abril de 2016. Y es que Kobe se había despedido al más genuino estilo Kobe: siendo el único protagonista del choque y dando la victoria a su equipo, pese a que tras el partido confesara un escueto “casi no me puedo mover” tras el tremendo desgaste físico al que él mismo se había sometido.