Hicieron falta 20 viajes al March Madness para llegar a la Final Four. Y ahora puede que sólo necesiten uno para alcanzar el trono. Sólo les queda un partido, y todo gracias a su victoria ante South Carolina. Un duelo de debutantes donde las cenicientas quedaron a un lado para dar paso a los gigantes. Los centímetros y una decisión correcta decantaron la balanza.

Equilibrio vs carácter

Si hay un equipo con los recursos de Gonzaga, seguro que no tiene la capacidad de los Zags para aprovecharlos. Ahí reside el equilibrio de los Bulldogs, y precisamente ahí asomaba su dominio. Era cuestión de tiempo, y aunque South Carolina ponía la garra, no acertaba en el ritmo.

Los hombres de Mark Few no tardaron en desplegar sus armas. Empezando por la zona. Zach Collins decidió aclarar las dudas sobre su potencial NBA a base de bailes en la pintura. A lo que los Gamecocks respondieron con valentía, pero también insensatez. Las acometidas de PJ Dozier y Duane Notice resultaban admirables, sin embargo, estaban entrando en territorio enemigo.

No parecía haber nervios, sólo un trance competitivo, un frenético intercambio de golpes. Gonzaga embestía y South Carolina resistía, hasta que apareció el perímetro.

Gonzaga en plenitud

Lo diferencial en las alternativas ofensivas de los Zags está en la cantidad de decisiones que necesita tomar el rival. Pero si dejas que el compás se acelere, toda respuesta se desmorona. Apenas unos instantes después de que su tobillo tambalease, Nigel Williams-Goss decidió poner fin a la igualdad.

Verticalidad, body balance de contorsionista y una exhibición en la penetración. El base se convirtió en un cazador de ventajas y South Carolina en una presa fácil. Y por si fuera poco, Sindarius Thornwell no terminaba de aparecer, al menos de cara al aro. Ahí no fallan los de Spokane, tan sobrios como eficientes.

Una vez roto el cerco interior de South Carolina empezó el festival. Karnowski tenía que marcharse a vestuarios, pero Zach Collins se multiplicaba. Su amenaza abría espacios y primero Silas Melson, y después Jordan Matthews se encargaban de firmar un 7-0 de parcial. Los Gamecocks permiten menos de 65 puntos por partido esta temporada, y su contrincante tenía 45 al descanso.

Los Gamecocks nunca mueren

Cualquier equipo habría mostrado la bandera blanca. Pero eso no va con el regimiento de Frank Martin. Por eso son especiales y por eso habían llegado hasta aquí. Los Gamecocks cambiaron su planteamiento defensivo, y con el partido en el alambre, decidieron tomar riesgos.

Más que una defensa al hombre, aquello parecía un ejercicio de asfixia. South Carolina subió líneas, mantuvo el desgaste físico y recuperó una de sus señas de identidad: las remontadas tras el descanso.  Con la vuelta de Karnowski no iba a ser fácil. La visión de juego del polaco hacía de cada 2×1 una misión suicida, así que volvieron al desgaste físico.

Thornwell salía a la palestra, PJ Dozier seguía con las riendas y Chris Silva se peleaba contra todos en la zona. Con el partido ralentizado, estaban en su sitio. El carácter se transformaba en puntos y Gonzaga empezaba a ver lo que se le venía encima. ¿Resultado? 16-0 de parcial. Había partido.

Sin épica, pero con victoria

El encuentro pedía thriller, aunque Gonzaga no estaba por la labor. En lugar de miedo demostraron frialdad. Alimentaron a su gigante polaco y pusieron todo el peso atrás. Por el ambiente podía parecer imposible, pero durmieron el partido.

Los intangibles empezaban a formar parte del guión. La tensión, la emoción, los nervios. A la par que las defensas tomaban la delantera también lo hacían las imprecisiones. Y de hecho, en los últimos dos minutos y medio no hubo una canasta en juego. Sólo tiros libres. En esa vorágine de despropósitos, Mark Few decidió calmar los ánimos.

Quedaban 12 segundos y el marcador resaltaba un 75-72 para los Bullodgs. South Carolina sacaba desde su fondo con oportunidad de, al menos, llevar el partido a la prórroga. Lo hacían tras un tiempo muerto, período en el que se había trazado un plan sencillo pero efectivo. Sin buscar el robo, Gonzaga presionó a toda pista, dejó que el reloj corriera y justo antes de que Thornwell se lo pensase, falta. Quedaban 3.5 segundos y el líder de los Gamecocks mete el primero, pero lanza a fallar el segundo. Killian Tillie se haría con ese rebote, forzaría su viaje a la línea de personal y sin haber lanzado si quiera a canasta en el resto del encuentro, sentenció a sangre fría. Final perfecto.

“Mantuve lo que llevamos hacienda todo el año”, explicaba Mark Few tras el partido. Nos gusta que el jugador de balón gaste el mayor tiempo posible mientras no esté en una posición peligrosa para sacar un tiro…y después falta.”

Gonzaga renunció a la épica por lo que mejor saben hacer: ganar. North Carolina querrá poner eso en duda.

Lo que de verdad importa

El camino de los Gamecocks acabó aquí, pero no su legado. Por un momento, Frank Martin dejó de ser el sargento de hierro para poner la guinda a una de las historias de la temporada.