El momento del choque llegó cuando Alex Smith, en tercer intento y ocho yardas por ganar, a casi 30 yardas de la zona de anotación rival, recibió el balón, aceleró hacia la banda amagando el pase y terminó doblando la esquina para correr por su vida y plantarse en la red zone rival mientras las gradas enloquecían. 24-29 y poco más de dos minutos por jugar.
Brees demostró entonces por qué ha sido capaz de batir el récord de yardas de Dan Marino en una temporada y solo necesitó 34 segundos para darle la vuelta a la tortilla. En cuatro jugadas atravesó el campo y volvió a adelantar a los Saints. Además consiguió la conversión de dos que dejó a los Niners a tres puntos (32-29) con 1.37 por jugar. Pocos instantes antes habíamos visto a Alex Smith conseguir una remontada, pero parecía imposible que repitiera la hazaña. Las esperanzas de los 49ers pasaban por acercarse a distancia de field goal, empatar el partido e ir a la prórroga.
El ambiente se cortaba. Todo Candlestick Park contenía el aliento esperando que reapareciera el Alex Smith de la última serie y no el QB fallón y nervioso del resto del partido. Pase a Gore, 7 yardas y 1;07 por jugar. Otro pase de once yardas a Gore. 44 segundos y los locales aún estaban en su yarda 33. Smith se lo tomaba con calma. Dejaba pasar el tiempo y hacía el gesto del arquero, como diciendo a sus receptores que rifaría el balón a lo lejos. Pase profundo incompleto. 40 segundos y todo el campo por delante. Los rostros de los aficionados eran un poema. Alex no podría hacerlo. Tantas horas de batalla épica para morir en la playa.
Y cuando menos se esperaba, cuando comenzaban a brotar las primeras lágrimas, el QB lanzó una bola prodigiosa que atravesó el campo para caer en las manos de Vernon Davis, siempre Vernon, y resucitar a los muertos. Los Niners, el mito grana y dorado, estaban a veinte yardas de la victoria con treinta segundos por jugar. Candlestick Park vivió unos instantes de esquizofrenia, entre los que no podían evitar los gritos exaltados, y los que pedían silencio para facilitar el trabajo de sus guerreros. Pasión contenida, furia en la piel. La Bahía contenía el aliento. Los Saints, todopoderosos y letales, podían ser derrotados con sus armas, en un duelo de pistoleros.
Quedaban 14 segundos cuando la pareja del partido obró el milagro. Alex Smith envió un misil a las manos de Vernon Davis, una vez más Vernon, que tras anotar el touchdown de la victoria rompió a llorar como un niño, corriendo hacia la banda entre el estruendo de una afición enloquecida y la sensación de que estos Niners, los renacidos 49ers, tienen tanto corazón que nadie podrá pararlo.
El sábado en Candlestick Park vivimos el partido del año. Ni más, ni menos. El football a lo grande ha vuelto a la Bahía. (Mariano Tovar, zonaroja)

Sin ninguna duda el mejor ultimo cuarto que he visto en mi vida, estoy esperando el video epico con el ''drive to glory''