EL CAMINO A LA FINAL FOUR

 

South Carolina Gamecocks (#7 EAST). 26-10, 12-6 SEC (3º).
1ª Ronda -> vs #10 Marquette (93-73).
2ª Ronda -> vs #2 Duke (88-81).
Sweet 16 -> vs #3 Baylor (70-50).
Elite 8 -> vs #4 Florida (77-70).

La temporada de South Carolina, inédita en el March Madness desde 2004 y jamás clasificada más allá del Sweet 16, ya podía considerarse un éxito hace dos semanas. Comenzó el curso como un tiro, ganando sus ocho primeros compromisos antes de que una suspensión temporal a Sindarius Thornwell les cortara el ritmo. Tras arrancar la SEC con un récord de 9-1, otra mala racha les hizo perder fuelle, y su seed 7 en el NCAA Tournament pareció incluso demasiado generoso. Pero nada más lejos de la realidad. South Carolina ha estado intratable y es el único participante de la Final Four que ha ganado todos sus partidos por más de cinco puntos… pese a que en tres de ellos se fue perdiendo al descanso. El sonado triunfo contra Duke puso a los Gamecocks en el mapa, su descuartizamiento de Baylor confirmó sus credenciales y, ante Florida, se consagraron como un conjunto totalmente merecedor de estar en Phoenix. Continuará.

Gonzaga Bulldogs (#1 WEST). 36-1, 17-1 WCC (1º).
1ª Ronda -> vs #16 South Dakota State (66-46).
2ª Ronda -> vs #8 Northwestern (79-73).
Sweet 16 -> vs #4 West Virginia (61-58).
Elite 8 -> vs #11 Xavier (83-59).

La temporada casi-perfecta continúa. Tras concluir la franja non-conference de su campaña imbatida, el runrún fue cogiendo fuerza: ¿Podía Gonzaga llegar al March Madness con un cero en el casillero de derrotas? BYU truncó esa posibilidad y no son pocos los que piensan que perder un partido en febrero fue, realmente, positivo para los Bulldogs. La cuestión es que, llegado el torneo, no faltaban los escépticos, a pesar de que Gonzaga ha destrozado sin piedad a las demás universidades de la WCC. Así pues, los de Mark Few se han pasado las últimas semanas callando bocas. Sudaron contra Northwestern y sangraron ante West Virginia, pero en su partido con Xavier certificaron el pase a la primera Final Four de su historia con un golpe sobre la mesa, exhibiendo todas sus virtudes. Rebasado, al fin, el listón del Elite 8, a Gonzaga le toca soñar en grande y aspirar a su primer título nacional.

Oregon Ducks (#3 MIDWEST). 33-5, 16-2 Pac-12 (1º).
1ª Ronda -> vs #14 Iona (93-77).
2ª Ronda -> vs #11 Rhode Island (75-72).
Sweet 16 -> vs #7 Michigan (69-68).
Elite 8 -> vs #1 Kansas (74-60).

A lo largo del año, Oregon no ha recibido la prensa que su nivel merecía. La protagonista dominante en el panorama mediático de la Pac-12 ha sido la renacida UCLA de Lonzo Ball, y sólo la irrupción de Arizona tras reincorporar a Allonzo Trier le robó titulares. Sin embargo, puede afirmarse que los Ducks, que hace doce meses se quedaron a un partido de su primera Final Four desde 1939, han sido la escuadra más regular, consistente y equilibrada de la conferencia. El maravilloso grupo de muchachos comandado por Dana Altman ha mostrado en el March Madness una madurez envidiable y un imponente carácter ganador. Ya no son nuevos en la élite y se han comportado con la crueldad de un tirano, despedazando in extremis los sueños de dos potenciales cenicientas como Rhode Island y Michigan. Oregon se reservó su mejor actuación del torneo para el día más indicado, ante una Kansas que venía arrasando y acabó completamente desesperada. La inercia de estos Ducks no miente: aspiran a todo.

North Carolina Tar Heels (#1 SOUTH). 31-7, 14-4 ACC (1º).
1ª Ronda -> vs #16 Texas Southern (103-64).
2ª Ronda -> vs #8 Arkansas (72-65).
Sweet 16 -> vs #4 Butler (92-80).
Elite 8 -> vs #2 Kentucky (75-73).

North Carolina es la resonante excepción en el refrescante cartel de esta Final Four, que cuenta con dos debutantes y otra que es como si lo fuera. Es la vigésima vez que los Tar Heels se plantan en esta ronda, pero la única de las anteriores que les importa es la de 2016, cuando perdieron la final contra Villanova por culpa de un triple sobre la bocina de Kris Jenkins. En esta UNC hay mucha experiencia y también muchas ganas de revancha. La ‘misión venganza’ lleva en marcha desde noviembre: los Tar Heels han estado todo el curso entre los mejores de la NCAA y ganaron con autoridad la conferencia más dura del país, la ACC. Ya en el NCAA Tournament, respondieron a lo campeón a una situación complicada ante Arkansas y, si bien el arreón final de Kentucky les puso contra las cuerdas, demostraron que en su roster incluso un suplente como Luke Mayer puede decidir un Elite 8. La redención, más cerca.

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LAS ESTRELLAS

 

Sindarius Thornwell (South Carolina). Senior, SF, 6-5.
21.6 pts / 7.2 reb / 2.9 ast / 2.2 rob / 44.7% TC / 39.4% T3 / 83% TL.

Thornwell ha sido el mejor jugador del NCAA Tournament y probablemente sea el mejor en pista durante la Final Four. No se entiende la hazaña de South Carolina sin él. En su asfixiante esquema defensivo, Sindarius es la punta de lanza, el más temible stopper, el comodín capaz de medirse a pequeños y grandes por igual. Pero donde adquiere especial relevancia el papel de Thornwell es al otro lado de la pista. En cuatro partidos de March Madness lleva 103 puntos, y los ha conseguido de todos los colores. Es excelso al operar sin balón y le da lo mismo desmarcarse hacia la línea de tres que en dirección al aro. Cuando South Carolina le ruega soluciones, pide la bola, ataca con paciencia, escarba un camino a la pintura y casi siempre produce, sea en forma de canasta o de tiros libres. Fantástico reboteador y astuto lector del juego, Thornwell es una absoluta figura, cuyo impacto va más allá de unos números que, ya de por sí, son espectaculares.

Nigel Williams-Goss (Gonzaga). Junior, PG, 6-3.
16.7 pts / 5.9 reb / 4.6 ast / 1.8 rob / 49% FG / 36.7% T3 / 88.2% TL.

La estrella que más brilla en el fantástico contexto coral de Gonzaga. A Mark Few siempre le ha gustado dar responsabilidad a sus bases, pero nunca había tenido uno como Williams-Goss, que ha mostrado en Gonzaga todo lo que no pudo en Washington. NWS no es el jugador más explosivo del mundo; no obstante, parece llegar a todos lados medio segundo antes que el resto. Analiza el juego con precisión quirúrgica y abastece a interiores y tiradores con justicia salomónica. Cuando toca ponerse el mono anotador, no desentona. Domina la media distancia y el poste medio-bajo, y su fiabilidad en la línea de personal es máxima. Incluso ha mejorado su lanzamiento de tres: no es un bombardero, pero tampoco conviene dejarle solo. Es el tipo de guard talentoso y determinante que Gonzaga a menudo ha echado de menos. El March Madness aún no ha visto su mejor versión; esperemos que pueda decirse lo contrario en un par de días.

Tyler Dorsey (Oregon). Sophomore, SG, 6-4.
14.5 pts / 3.4 reb / 1.8 ast / 47.2% TC / 42.3% T3 / 73.2% TL.

Objetivamente, el mejor jugador de Oregon es Dillon Brooks. Entre los ojeadores de la NBA, Jordan Bell quizás sea el que más interés despierte. Pero, maldita sea, ¿cómo no poner a Dorsey? Llegará un momento en que el griegoamericano vuelva a una escala terrenal; mientras tanto, es el hombre franquicia de los Ducks. En sus cuatro partidos de NCAA Tournament, ha promediado 24.5 puntos, ha lanzado 26 triples y ha metido 17. Leerlo es impresionante; verlo es algo casi extrasensorial. Es como si Altman estuviera jugando al NBA 2K y, ante cada situación comprometida, pulsara el botón de pausa, moviera el slider del tiro de tres a 80 y se cascara un triple de cualquier manera con su escolta, o sea, con Dorsey. Le han apodado (o se ha apodado a sí mismo, no sabría decirlo) Mr. March, y hace justicia al mote. La designación de Dorsey como estrella de Oregon no tiene ningún sentido y, al mismo tiempo, tiene todo el sentido del mundo.

Justin Jackson (North Carolina). Junior, SF, 6-8.
18.2 pts / 4.7 reb / 2.8 ast / 44.7% TC / 38% T3 / 73.3% TL.

En la UNC finalista de 2016, Jackson tuvo un papel más bien complementario, ejerciendo como navaja suiza y tapando los huecos y carencias de sus demás compañeros. Durante esta campaña, en cambio, Roy Williams ha dado rienda suelta a su calidad y lo ha convertido en el catalizador ofensivo de los Tar Heels. Y la apuesta ha salido bien. Jackson es un 6-8 que baila entre tres posiciones y puede anotar de cualquier manera. La incorporación del tiro de tres a su arsenal ha sido todo un hallazgo, aunque en ocasiones cabrea un poco por cómo abusa de él. Sigue maravillando, no obstante, cuando se coloca a cuatro metros o menos del aro, haciendo gala de una fastuosa paleta de movimientos y aprovechando con finura las habituales ventajas que le confiere su altura. Jackson quizás sea el prospect NBA mejor valorado de la Final Four, y se ha ganado tal consideración a pulso.

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UNA RAZÓN PARA CAMPEONAR

 

South Carolina: El factor ‘hasta los huevos’

South Carolina es un contrincante agotador, y lo digo en el mejor sentido posible. Cuando hablamos de equipos ‘de segundas partes’ solemos referirnos a esos conjuntos generalmente talentosos que, tras un período de sesteo, activan la maquinaria y hacen llover los puntos hasta desbordar al rival. En este sentido, la recién eliminada Kansas quizás haya sido el ejemplo más significativo este año. Los de los Gamecocks, empero, es harina de otro costal: siempre van al límite, convierten cada partido en una carrera de fondo y suelen ser los que alcanzan la meta con más oxígeno. Y el oponente, claro, acaba ‘hasta los huevos’.

La defensa diseñada por Frank Martin es tan intensa y agresiva que desquicia a cualquiera. Llega un punto en que la visión constante de manos y piernas agitándose frenéticamente debilita las mentes adversarias. Y South Carolina posee, además, la madurez necesaria para confiar en este plan aunque no produzca réditos desde el salto inicial. Los parciales que han obtenido en las segundas partes del torneo han sido bárbaros: 54-33 a Marquette (perdían 39-40 al descanso), 65-51 a Duke (siete abajo al intermedio), 33-28 a Baylor (en un choque que liquidaron con un 37-22 en el primer acto) y 44-30 (volviendo a remontar un déficit de siete tantos). Contra los Gamecocks no hay lugar para la relajación.

Gonzaga: El equilibrio ofensivo

Idear un plan defensivo capaz de frenar a Gonzaga es, sin duda, una ardua tarea. West Virginia demostró que no es imposible, y pese a ello fracasó en su intento de batir a los Bulldogs. Mark Few tiene a su disposición un arsenal bien cargado que, a menos que la pólvora esté mojada, ofrece multitud de posibilidades. El cruce de Elite 8 ante Xavier fue una muestra paradigmática de lo aquí expuesto. Incapaz de detener la producción interior de los pívots de Gonzaga, Chris Mack retó a los Zags a ganar desde el triple, y a buena fe que lo hicieron: enchufaron doce con un 50% de acierto y no dejaron opción a los Musketeers. Jordan Mathews y Josh Perkins son amenazas perennes.

La sola presencia de Przemek Karnowski en pista complica sobremanera a cualquier defensa: es muy fiable de espaldas al aro y, si llegan ayudas, es un pasador sobradamente dotado para encontrar un tirador abierto. Hombres como Johnathan Williams o Nigel Wiliams-Goss destacan en la media distancia e, incluso en transición, los Zags son temibles. En definitiva, Gonzaga puede sumar puntos, virtualmente, desde cualquier posición a menos de siete metros del aro rival.

Oregon: La versatilidad táctica en defensa

De Dana Altman siempre se ha destacado, y con razón, la potencia ofensiva de sus escuadras. Sin embargo, es la polivalencia de su pizarra defensiva lo que ha llevado a Oregon a su primera Final Four desde 1939. La cantidad de registros que dominan los Ducks es apabullante: lo mismo plantan un esquema básico hombre a hombre que distintas variantes zonales, destacando su alabada matchup zone, pasando por una efectiva presión a media pista que suele disponerse en formación 2-2-1. De momento, la baja de Chris Boucher se ha notado más bien poco en esta Oregon camaleónica capaz de cambiar de piel sobre la marcha.

A Oregon ni siquiera le pesa que el desempeño en estático de sus hombres pueda flaquear ocasionalmente, porque la continua alternancia de sistemas tiene, per se, un efecto devastador: corta totalmente el ritmo del rival. Es imposible para los oponentes ejecutar el mismo procedimiento en tres posesiones seguidas cuando no saben qué se van a encontrar al otro lado del parqué mientras suben la bola. Y los Ducks ni siquiera dejan correr, porque renuncian bastante al rebote ofensivo y presentan un balance defensivo ejemplar. Para batir a Oregon debe dependerse del instinto, de la inspiración y del talento. Lo cual no siempre basta.

North Carolina: El dominio del rebote ofensivo

Es cierto que hacer del rebote ofensivo un factor clave de tu producción en ataque puede sonar, cuanto menos, volátil. Salvo que seas North Carolina, claro. Es un eslabón tradicionalmente inherente al ADN de los Tar Heels que, en esta temporada, ha adquirido tintes trascendentales. Roy Williams sabe lo que hace: a su perímetro no le sobra calidad, la ejecución de sus chicos en estático tiene ciertas lagunas y su floor spacing no se ajusta demasiado a los parámetros del baloncesto moderno. Pero cuenta con el lujo de alinear una pléyade de titanes de la pintura, así que ¿por qué no aprovecharlo?

Cada partido, North Carolina consigue casi 16 rechaces por noche en el aro contrario. Recupera alrededor del 40% de sus propios fallos, una cifra estelar. Las segundas oportunidades, cuando se abre la posibilidad de atacar una defensa hecha añicos, son santo y seña para los Tar Heels. Tras cada lanzamiento, Kennedy Meeks, Isaiah Hicks, Justin Jackson o Tony Bradley se abalanzarán sobre la zona, dejando a veces desnudo el camino a su propia canasta. Sobre el papel, es un riesgo. Para estos Tar Heels, empero, es la receta del éxito.

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UNA RAZÓN PARA PECHEAR

 

South Carolina: El papel de los secundarios en ataque

Siendo sinceros, el que se preveía como principal punto débil de los Gamecocks antes de comenzar el torneo ha sido, incluso, una fortaleza durante el NCAA Tournament. En la temporada regular, South Carolina dio la impresión de ser, grosso modo, un gran conjunto defensivo al que un fenómeno, Sindarius Thornwell, sacaba las castañas del fuego al otro lado de la cancha. El rendimiento del equipo en ataque dependía principalmente del alero y, en menor medida, de P.J. Dozier, sin que se advirtieran demasiadas respuestas colectivas o de otras individualidades.

La cuestión es que, en el March Madness, los secundarios de South Carolina han dado un paso al frente. Thornwell ha seguido a su extraordinario nivel, pero esta irrupción en la Final Four habría sido imposible sin la aportación de figuras como Duane Notice, Chris Silva o el estonio Maik Kotsar. La pregunta ahora es si mantendrán el tono en Phoenix. Sindarius sólo puede llevar a los Gamecocks hasta cierto punto y, si bien ha venido recibiendo una ayuda impagable de sus compañeros, esto ha sido la excepción a la regla general del curso.

Gonzaga: Las limitaciones físicas de su perímetro

Admito que he tenido que ponerme bastante quisquilloso para hallar una debilidad flagrante en Gonzaga; al fin y al cabo, los argumentos más habituales en su contra tienen más que ver con el hecho de que pertenezcan a la WCC y se han demostrado equivocados. No obstante, el tema de su falta de poderío físico en el perímetro me parece suficientemente importante. De los cuatro jugadores que integran la rotación exterior de Mark Few (Williams-Goss, Perkins, Mathews y Melson) ninguno alcanza los 195 centímetros y, aun sin ser en absoluto frágiles en el aspecto físico, no son atletas de élite.

Esto presenta dos potenciales problemas para Gonzaga. El primero se manifestó en su cruce ante West Virginia: aunque los Zags manejaron relativamente bien la presión de los Mountaineers y sacaron el partido adelante, quedó patente que en un contexto así, contra una defensa pegajosa y de enorme capacidad atlética, sus guards sufren. Por otro lado, los Bulldogs carecen de una respuesta defensiva óptima contra aleros de gran envergadura. Y en una Final Four con Justin Jackson, Sindarius Thornwell o Dillon Brooks (aunque este venga jugando de ala-pívot nominal) esto puede resultar un inconveniente.

Oregon: La falta de envergadura

El dirty little secret de la clasificación de Oregon para la Final Four es que todavía no ha tenido que enfrentarse a ningún oponente con un juego interior de auténtica élite. Ni Rhode Island, ni Michigan ni Kansas tienen frontcourts realmente potentes, y esta ha sido una de las razones por las que, de momento, Dana Altman no ha echado de menos a Chris Boucher, lesionado de gravedad justo antes de comenzar el torneo. El motivo más importante, empero, es Jordan Bell, que ha jugado a un nivel increíble y se ha bastado para hacer el trabajo de dos hombres.

¿Será suficiente en la Final Four? Bell es un atleta formidable y uno de los mejores taponadores de toda la NCAA, pero con sus 205 centímetros no presenta una envergadura imponente. El teórico ‘4’ de los Ducks está siendo Dillon Brooks, dos metros raspados. Y desde el banquillo, el único interior que tiene verdadero peso en la rotación es Kavell Bigby-Williams, que todo lo que tiene de largo lo tiene de verde. Oregon es un equipo muy bien entrenado que puede esconder esta falta de centímetros en una zona mientras se aferra al traje de superhéroe de Bell. Pero debe tenerse en cuenta que en la Final Four afrontará desafíos desconocidos hasta ahora.

North Carolina: La irregularidad en el tiro de tres

En el sistema de UNC, el triple tiene un papel secundario. A Roy Williams le gusta correr, buscar el aro y, como se indicaba arriba, aprovechar segundas oportunidades. Quizás tenga que ver con las exigencias del personal; al fin y al cabo, en el quinteto inicial más habitual de los Tar Heels hay tres jugadores que no representan amenaza alguna desde la línea de tres. La cuestión es que, en algún momento, a UNC no le quedará más remedio que acertar desde el perímetro: las defensas rivales tenderán a cerrarse sobre su propia canasta e invitarán a UNC a tirar.

En la plantilla de los Tar Heels sólo hay tres triplistas fiables: Jackson, Berry y Maye. A veces basta, pero no han sido pocos los partidos en los que UNC ha flaqueado en la larga distancia, a menudo coincidiendo con sus –escasas- derrotas. En tres de los cuatro choques que perdió UNC en la ACC anotó menos del 30 % de sus triples, y estuvo especialmente desacertada contra Arkansas y Kentucky en el NCAA Tournament, dos rivales que a la postre le hicieron sufrir soberanamente. Es, como mínimo, una señal de advertencia.

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CARA A CARA: LAS CLAVES DE LOS CRUCES

 

South Carolina vs Gonzaga

En un partido que enfrentará a dos de las cinco defensas más temibles de toda la NCAA, la sensación es que el ganador será quien mejor imponga sus armas atrás y, sobre todo, quien mejor descifre las dificultades presentadas por el rival. En este sentido, Gonzaga es, a priori, quien lleva las de ganar. Los Bulldogs son el contendiente más talentoso y con mayor profundidad de banquillo.

No obstante, no conviene apresurarse al exaltar el favoritismo de los Zags. La muralla defensiva de los Gamecocks representa un desafío de primer orden, similar al que presentó West Virginia en el Sweet 16. South Carolina no llega al extremo de presionar a toda pista durante cuarenta minutos, pero comparte con los Mountaineers la actividad perimetral y la forma en que abrazan el juego físico. Es una fórmula que puso en aprietos a Gonzaga, aunque para ésta el saber que pueden vencer en el barro es un pequeño plus anímico.

La gran decisión que tendrá que tomar Frank Martin en este sentido es hasta qué punto concede la línea de tres. Si bien el técnico tiene a su disposición una buena lista de grandes atletas, ninguno se presume capaz de frenar a Karnowski o Collins sin ayudas. Poblar la zona y dejar que Gonzaga viva o muera del triple es una apuesta que Martin valorará, aunque la experiencia de Xavier demuestre que puede salir rana.

De cara a limitar la producción interior de Gonzaga, lo mejor que puede hacer South Carolina es cortar el problema de raíz. De entrada, es de esperar que dificulten al máximo la filtración de balones hacia los pívots. Los exteriores de los Gamecocks serán físicamente superiores a sus pares y no cederán un centímetro más de lo estrictamente necesario. Será interesante ver si Martin encarga ocasionalmente a Thornwell la marca de Williams-Goss para cortocircuitar la ofensiva de los Zags.

Sin embargo, la clave puede estar en campo contrario. Tanto Karnowski como Collins han tenido serios problemas con las faltas personales durante todo el torneo, y si algo tiene South Carolina son hombres capaces de forzar acciones cerca del aro. En esta faceta Thornwell es un auténtico crack, y tendrá abundantes oportunidades de ir a la línea porque, y he aquí otra circunstancia crucial, no hay ningún guard de Gonzaga capaz de frenarlo con garantías. Por envergadura, potencia y calidad, el alero de los Gamecocks será un mismatch para cualquiera.

Probablemente, Johnathan Williams sea el hombre más capacitado para defender con éxito a Thornwell, pero dejar a un exterior a cargo de Chris Silva o Maik Kostar tampoco parece buen negocio. La sola presencia de Thornwell podría obligar a Mark Few a jugar en zona más de lo que acostumbra.

Y hay un último posible contexto que despierta cierta intriga. La opción de trasladar a Thornwell al puesto de ala-pívot para meter una pieza extra en el perímetro no es ajena al libreto de Martin. De hecho, es un recurso que tendrá en cuenta si se ve en la necesidad de aumentar el punch ofensivo de su equipo en caso de atasco. Esta situación, empero, pondría en bandeja a Few el emparejamiento de la estrella rival con Williams. Martin se enfrentará, por tanto, a una curiosa paradoja: la alternativa con mayor potencia anotadora coral de su repertorio puede ser, al mismo tiempo, la que menos potencie a su individualidad más decisiva.

En cualquier caso, y pese a las interesantes posibilidades tácticas, la impresión es que el choque estará, para bien o para mal, en las manos de Gonzaga. Si se acerca al 100% de sus prestaciones habituales lo normal es que gane. Mas cabe no olvidar que la normalidad no es norma en el March Madness, y South Carolina ya ha demostrado que tiene argumentos para despachar a oponentes teóricamente superiores en talento y profundidad. Los Bulldogs no tendrán un momento de tregua.

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Oregon vs North Carolina

Es inevitable enfocar el análisis de este cruce desde la significativa disparidad que habrá en la pintura. La baja de Chris Boucher en Oregon ha tenido, principalmente, dos consecuencias notables. En primer lugar, ha disparado el peso de Jordan Bell en todas las facetas del juego, lo cual no es necesariamente malo. Bell es un atleta formidable y, durante todo el torneo, ha dominado a sus anchas las inmediaciones del aro, donde su capacidad taponadora y reboteadora tiene poco parangón.

La segunda consecuencia es que Dillon Brooks ha tenido que desempeñarse, aunque sea nominalmente, como power forward a tiempo completo, y es razonable temer que su dúo con Bell resulte insuficiente a la hora de emparejarse con un equipo como North Carolina, un conjunto que casi siempre utiliza a dos interiores puros al mismo tiempo y en el que incluso el ‘3’, Jackson, es más grande que Brooks.

Por muy sobrehumano que sea Bell, podría verse sobrepasado por la tarea hercúlea de lidiar con Meeks, Hicks, Maye y Bradley. Dana Altman buscará contrarrestar el desajuste con sus variantes zonales y, si North Carolina tiene un mal día desde la línea de tres, el truco puede dar resultado. De todas formas, el peligro de las segundas oportunidades de los Tar Heels siempre estará ahí.

No todo son malas noticias para Oregon. Hay escasas escuadras tan bien preparadas para anular uno de los grandes argumentos ofensivos de los Tar Heels: el contraataque. Como explicaba anteriormente, los Ducks presentan un excelso balance defensivo, pierden pocos balones y últimamente, a excepción de determinador lapsos en los que Bell decide tomarse la justicia por su mano, no se obceca en la pelea por el rebote ofensivo. Viéndose obligada a abusar del ataque en estático, UNC podría sufrir.

Por otro lado, North Carolina tiene la defensa menos buena de las semifinalistas, y Oregon tiene recursos de sobra para sacarle los colores. El sistema de Altman enfatiza la circulación, los fundamentos técnicos y el movimiento sin balón, y es perfectamente válido para desarbolar a un contrincante poco ordenado. Y donde no llega la pizarra, llega Tyler Dorsey, el recurso individual más demoledor de este March Madness.

Si seguimos personalizando, hay que mencionar a Justin Jackson, que va a ser un problemón para los Ducks. El alero tendrá ventaja sobre cualquier marca al hombre y es, al mismo tiempo, por su movilidad y habilidad para anotar desde donde haga falta, la clave para desentrañar la zona de Oregon. Su rendimiento tendrá mucho que ver en el desenlace del choque.

Finalmente, habrá que estar atentos al duelo de bases. En principio, aquí la ventaja es de North Carolina. Joel Berry II ha completado una campaña fantástica, controla un abundante repertorio y resulta esencial para Roy Williams. El problema es que llega tocado a Phoenix tras dañarse ambos tobillos hace apenas un fin de semana. Y Payton Pritchard no es un tipo que vaya a darle cuartel. El freshman de Oregon juega como un veterano, se emplea a fondo en defensa y aporta unos intangibles de vital importancia para su equipo. Exigirá el máximo de Berry en unas circunstancias delicadas para el mariscal de los Tar Heels.

En definitiva, queda claro que, en lo que a Oregon respecta, el primer paso para competir será limitar daños en la pintura. A partir de ahí, los Ducks están para liquidar a quien haga falta. North Carolina es un equipazo de tomo y lomo, la mayoría de sus chicos saben lo que es jugar y, sobre todo, perder una Final Four, y en términos de experiencia y hambre no es un factor baladí. Pero sus imperfecciones están ahí y, teniendo delante un técnico capaz de desnudarlas como es Altman, confiarse no es una opción.