El 13 de enero de este año, los Heat caían en Milwaukee por un contundente 103-116. Ninguna novedad por aquella época, pues con esa derrota, los de Florida sumaban su cuarta seguida y acumulaban ya un récord de 11 victoria y 30 derrotas justo en el ecuador de su temporada, lejos de cualquier objetivo que no fuera luchar por el número uno del siguiente draft.

El proyecto, con buenos nombres como Goran Dragic o Hassan Whiteside, naufragaba con un gran ancla al cuello, la del contrato de Chris Bosh, que debido a coágulos sanguíneos no podía poner sobre la pista los 20 millones que le estaban pagando en South Beach. Los secundarios, como Josh Richardson, el recién fichado Dion Waiters o Tyler Johnson no daban la talla por diferentes razones, y Spoelstra se hundía con su barco, con una difícil solución a corto plazo.

Poco hacía pensar que en la soleada Miami iban a vivir el que probablemente está siendo uno de los mayores milagros de los últimos años en la NBA. Desde esa derrota en Milwaukee el 13 de enero, los Miami Heat han jugado 25 partidos de los que han logrado ganar 21 y solo han caído en 4, lo que les ha colocado en la pelea por unos Playoffs que parecía inviables en enero con una remontada que se prometía harto improbable.

Y es que la reconversión del equipo de Spoelstra, sin necesidad de recurrir al mercado de traspasos, ha sido total. Tras esa derrota en Milwaukee, los de Florida hicieron ‘click’ hasta lograr 13 victorias seguidas, la racha más longeva de la presente temporada y la que les ha catapultado hasta el momento en el que se encuentran ahora.

Esa racha, en la que ganaron a equipos de tanto pedigrí como Houston, Golden State o Atlanta, dejó bien a las claras que Eric Spoelstra había logrado cambiar la cara a un equipo que parecía muerto a mediados de enero, regresándolo a la vida hasta el punto de dar la vuelta a casi todos sus registros y convertirse en un auténtico peligro en la parte baja de la postemporada del Este.

Después de esa racha, no solo han logrado mantener el ‘mojo’ competitivo, sino que se han convertido en uno de los equipos en mejor forma de la competición, llegando a ganar en dos partidos consecutivos a los actuales campeones, los Cleveland Cavaliers.

Pero, ¿cómo lo ha logrado? Se podrían comentar muchas y muy variadas, pero una de las más destacadas se encuentra en sus quintetos iniciales. Allá por inicios de enero, cuando peor estaba el equipo, Spoelstra dio un cambio de timón en lo que a sus alineaciones se refiere. Tras muchos experimentos durante la temporada (muchos de ellos obligados por las lesiones), el eternamente infravalorado entrenador de los Heat decidió hacer una apuesta extrema por el ‘small-ball’. Una apuesta que le ha llevado desde entonces a un camino dulce y de lucha por la postemporada.

Esta apuesta ya se la habíamos visto en los Playoffs de la temporada pasada, cuando Justise Winslow (lesionado desde hace meses) jugó incluso de pívot para dar máxima movilidad al equipo sacrificando centímetros. En ese momento ya estuvo a punto de darle más de una alegría a los Heat, pese a que pareciera una solución coyuntural.

En esta ocasión, el cambio llegó un par de partidos antes de comenzar la victoriosa racha. En un encuentro de principios de enero contra los Warriors, Spoelstra apostó por un quinteto inicial formado por Dragic, McGruder, Waiters, Babbitt y Whiteside. Es decir, cuatro jugadores exteriores rodeando a Whiteside, que se convertía así en el único jugador puro de pintura de los que salieron en el inicio del encuentro.

Con este quinteto inicial, el planteamiento de estos ‘nuevos’ Heat parece claro: liberar la pintura para que Whiteside campe a sus anchas y los exteriores puedan martillear desde el perímetro. Dos escoltas como Waiters y McGruder se unen al base Goran Dragic y al alero Luke Babbitt para construir una estructura de ‘bajitos’ sobre la que se están construyendo unos Miami Heat de Playoffs.

Desde que se hiciera ese cambio de quinteto, los Heat han mejorado de un 33,7% en triples a más de un 40% de efectividad, lo que dispara sus aspiraciones. Antes de este cambio de tendencia y de planteamiento, los Heat encajaban más puntos (102) de media que los que anotaban (98), lo que se traducía en malos resultados. Hoy día, en los últimos 25 partidos, anotan mucho más por partido (109) que lo que reciben (99). Y es que su ratio ha pasado de –4 a +10.

Spoelstra ha logrado conjuntar a un equipo con muchos retales y un gran condicionante en su plantilla (Chris Bosh y su contrato) y convertirlo en un bloque temible y que se muestra lanzado a por los Playoffs. Piezas como Johnson, Richardson o Winslow, cuando estaba sano, que parecía destinadas a liderar al equipo junto a Dragic y Whiteside, se han encontrado saliendo desde el banquillo. Sin embargo, su aportación también resulta importante para el porvenir de los de South Beach.

Coge una plantilla, descubre sus puntos fuertes y poténcialos. Ese bien podría ser el lema de un Eric Spoelstra que ha logrado cambiar la cara de unos Heat que parecía desahuciados y que ahora tienen un destino, un objetivo prometedor. Un entrenador siempre discutido que, una vez más, está demostrando su valía. Los Heat de Coach Spoelstra van lanzados hacia la postemporada gracias a uno de los milagros más sonados de la NBA.