Finalmente, Andrew Wiggins lo ha conseguido. El número 1 del draft de 2014 llevaba meses buscando, con sus declaraciones, una renovación por el máximo con la franquicia de las Twin Cities, y finalmente ha llegado.

Tras declarar en julio que no esperaba nada “menos que el máximo”, Tom Thibodeau, entrenador y General Manager de los Wolves, ha dado el paso y ha decidido ofrecerle a Wiggins 148 millones por cinco años de contrato. Efectivamente, el máximo disponible para su antigüedad en la Liga.

En Minnesota no han esperado ni al derecho de tanteo que tendrían al final de su contrato rookie (el próximo verano) para renovar a Wiggins, quizás en busca de no envenenar un vestuario que este año se ha diseñado para ganar desde el primer momento.

Sin embargo, esta decisión, adelantada por Darren Wolfson, de ESPN, genera una gran controversia en el seno de los Wolves. ¿Es adecuada esta decisión?¿Tenía Thibodeau otra opción? ¿Es Wiggins un jugador de contrato máximo?

Para poder tomar posición en la cuestión de si la renovación de Wiggins ha sido adecuada en tiempo y forma, hay que partir de una base primordial: A día de hoy Wiggins es uno de los mejores anotadores de la Liga. 23.6 puntos por partido (junto a 4 rebotes) así lo atestiguan. No es un jugador cualquiera que se ha encontrado con el chollo de su vida, sino que a sus 22 años es un jugador de entidad.

Pero pese a ser uno de los máximos anotadores de la NBA, existen muchas dudas sobre la figura de Wiggins. La primera de ellas partiendo de la anotación, la que es su principal baza. Y es que el alero canadiense peca de un excesivo uso de balón para conseguir esas canastas. Pese a que ha progresado en la última temporada hasta el 35,6% en triples y más del 45% en tiros de dos, es habitual ver a Wiggins abusando del aclarado para conseguir sus canastas, cuando logra anotar en esas situaciones, que no es lo habitual.

Su talento es innegable, como así demuestra en cada partido que disputa. Y además, su físico es privilegiado. Todo esto lo convierten, a priori, en el ‘pack completo’ de una estrella en potencia. Sin embargo, su IQ es más que cuestionable, lo que al final acaba suponiendo un gran problema para su juego, pues no aprovecha sus cualidades naturales al máximo. En lugar de buscar penetraciones gracias a su potencial físico, tal y como hacía en college, Wiggins ha evolucionado en un jugador de mid-range y de catch and shoot exterior (sin llegar a ser un buen triplista) que no llega a dominar los partidos tanto como lo que adivinaba su potencial antes de debutar en la NBA. Una suerte de DeMar DeRozan sin explotar, lo que nos deja un jugador poco definitivo en la NBA actual, en la que la media distancia cada vez está más defenestrada.

De la misma forma, aún no ha demostrado ser un jugador capaz de implicarse de forma completa en el juego colectivo. Su bajo número de asistencias por partido la temporada pasada (2.3) deja a las claras que no ha desarrollado aún un potencial suficiente para ser un jugador que reparta juego o que sea capaz de participar en un movimiento de balón fluido. En muchas ocasiones, aunque anote, ralentiza el ritmo de juego del equipo en el juego estático, volviendo a recaer aquí en el excesivo uso del balón.

En defensa, Wiggins vuelve a demostrar que no explota al máximo sus cualidades. Su potencial físico, muy parecido al de su nuevo compañero Jimmy Butler, no es aprovechado a la hora de proteger su propio aro. Donde algunos ven un potencial ‘perro de presa’, los aficionados de Minnesota ven a diario a un jugador que, pese a que no desentona, no parece muy dispuesto a dar un paso más en el aspecto defensivo. Ni siquiera un año con Thibodeau, ‘gurú’ defensivo que apostó por él, ha servido para que haya un cambio notable.

Pero no todo es malo en el bagaje de un alero que apuntaba a ser el heredero de LeBron James y que, aunque parece haberse quedado en el camino, sigue siendo un jugador importante en la NBA. Con Wiggins los Wolves tienen un jugador capaz de anotar con potencia a la contra, un jugador con habilidad en los minutos calientes y con la sangre fría como para asumir la responsabilidad en dichos momentos. Un anotador brutal que, no perdamos la perspectiva, tiene solo 22 años, y muchas temporadas para trabajar un talento que sin duda tiene.

Minnesota Timberwolves ha apostado por un jugador con un techo alto pero con un presente incierto. Tiene el talento, tiene el físico, pero la gran duda está en si tiene la inteligencia y el carácter como para hacerlos funcional.

Al final, haciendo bagaje, Thibodeau ha apostado 30 millones al año por un jugador que, si nada cambia en la pretemporada, será la tercera opción del equipo tras Towns (todo lo que no sea que el dominicano sea primer espada será un error) y el recién fichado Jimmy Butler, comprometiendo así el futuro de la franquicia. Está claro que, una vez que Towns termine su contrato rookie, en verano de 2019, no habrá espacio para los tres jugadores importantes que ahora mismo tiene la franquicia, lo que coloca al mismo Towns y a Butler en el disparadero tras esta renovación.

Aunque, poniendo la vista solo en esta temporada, parece una decisión encaminada a apostar por el crecimiento y asentar un proyecto que aspira a ser ganador en el medio plazo. Wiggins deseaba esa renovación, y, además de calmar las aguas (a priori) en el vestuario, puede ser el empujón, la muestra de confianza que lleve a Wiggins a ser un jugador verdaderamente diferencial en la NBA.

A día de hoy todo son conjeturas. Si Wiggins explota con este contrato, el que sobrará será un Butler con el que comparte habilidades y lo de Minnesota habrá sido una decisión brillante. Si por el contrario el canadiense acaba quedándose en un buen jugador pero no definitorio, los Wolves tendrán un gran contrato con el que cargar a sus espaldas a cambio de seguir sin ganar.

Desde la gerencia de Minnesota han decidido apostar por el presente y el corto plazo con una renovación tan grande en tamaño como en riesgo. Que sea un error o no solo lo podrá deparar el futuro.