Mike Malone afronta este curso su cuarta temporada como entrenador de la NBA y nunca ha conseguido terminar un año con récord positivo. Esto, que podría ser motivo suficiente como para ponerle la cruz a cualquier preparador, no es un punto en su contra. Porque sin duda, se puede afirmar sin miedo a fallar que es uno de los entrenadores más brillantes de la liga, a la vez de uno de los más infravalorados por el entorno de la Liga y los medios.

El actual entrenador de los Denver Nuggets ha conseguido en la actual temporada consagrarse en uno de los escalones más altos en lo que a los entrenadores NBA se refiere gracias a un gran trabajo con un grupo joven y heterogéneo, al que Malone ha conseguido unir en torno a la gigantesca figura de Nikola Jokic, hasta el punto de estar tocando con la punta de los dedos el regreso a los Playoffs dos años después cuando más difícil parecía.

Pero este rendimiento como entrenador no debería ser excesiva sorpresa si echamos una vista atrás a su trayectoria en los banquillos, que pese a que no se han traducido en resultados espectaculares, siempre han dejado el regusto del trabajo bien hecho y el progreso constante, desde su etapa como asistente en los Knicks hasta su actual periplo en Colorado.

En la Gran Manzana Mike Malone emprendió un viaje desde lo más bajo, empezando como asistente y scout. El viaje le llevó hasta Cleveland, New Orleans y Golden State durante diez temporadas, al amparo de entrenadores como Mike Brown o Mark Jackson, que confiaron en él para ser parte de su equipo. Trabajó con LeBron James y Stephen Curry, todo eso en un decenio que tuvo como final el objetivo de todo asistente: un banquillo en la capital de California: en los Sacramento Kings.

En el equipo de la capital californiana se encontró un panorama no muy diferente al que se tiene actualmente: un equipo a la deriva con pocas piezas de interés más allá de DeMarcus Cousins, una figura con tanto talento como poca cabeza. Allí duró temporada y poco más, en la que pese a todo, dejó una gran imagen.

Tras una primera temporada al nivel previsto con un récord de 28-54, la temporada 2014/15 comenzó como una explosión de alegría e ilusión en el entorno de los Kings, en gran parte gracias a la gestión de Mike Malone, reforzando el perfil de un entrenador prometedor. En los primeros 24 partidos de aquel año, los Kings ganaron 11, rozando el 50%, siendo durante esa primera parte de la campaña equipo de Playoffs y desplegando un gran juego al ritmo que marcaba Cousins y con los preceptos de un Malone inteligente a la hora de utilizar sus herramientas.

Sin embargo, la felicidad y el proyecto de un binomio entrenador-franquicia que pintaba muy bien duró muy poco. Problemas con DeMarcus Cousins truncaron de raíz el puesto de Malone, que dejaba al equipo cerca del 50%, un punto al que los Kings no regresaron en toda la temporada, cayendo en picado sin su entrenador.

Malone, tras demostrar de manera efímera lo que era capaz de hacer, recibió la llamada de los Denver Nuggets, que tras unos años de bonanza con George Karl y de depresión con Brian Shaw, necesitaban un entrenador para volver a reflotar un proyecto joven y con muchas piezas por unir.

Tras un año de tanteo, en el que con muchos jugadores inexpertos logró un más que solvente registro de 33 victorias, en su segunda temporada, al igual que ocurrió con Sacramento, el proyecto parece haber cogido velocidad de crucero hasta situarse entre los más prometedores en la carrera por dominar el futuro de la liga.

Y es que los Nuggets se han saltado plazos en su reconstrucción y se han aprovechado del vacío de poder en la octava plaza de la Conferencia Oeste para hacer ruido con un nombre como principal protagonista: Nikola Jokic.

Malone ha sabido regularle, protegerle, hasta conseguir que el serbio sea el jugador referencia y estrella de un equipo que apunta a muchas cosas gracias a la buena mano de su entrenador, que está combinando a las mil maravillas jóvenes con veteranos bajo su mano, con un estilo muy voluble a su plantilla.

Jameer Nelson, Jamal Murray, Juancho Hernangómez, Danilo Gallinari o Will Barton son solo algunos ejemplos de jugadores que, o bien se están potenciando bajo la mano del entrenador o que se están desarrollando a fuego lento en un equipo que desde ya oposita a estar en Playoffs. Todo esto habla muy bien de un entrenador que, con menos recursos que otros, está luchando por un objetivo que no se planteaban en Colorado para esta temporada.

Unos Playoffs en los que actualmente se encuentran centrados con 25 victorias en 55 partidos, por debajo de ese 50% que Mike Malone nunca ha alcanzado pero que nunca ha necesitado para confirmarse como uno de los entrenadores con más valía de la actual NBA gracias a su mano y a su capacidad para encauzar proyectos. Mike Malone y los Denver Nuggets apuntan a ser uno de las parejas a seguir en los próximos años.