En los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, una división del ejército norteamericano se propuso derrotar a los nazis de una manera diferente: con el engaño por bandera. Mediante la utilización de todo tipo de tretas para fingir los elementos propios de un grupo armado, la División 23 del ejército norteamericano servió de señuelo para facilitar el ataque a otras divisiones.

El experimento fue todo un éxito. Los oficiales alemanes creían ver un gran ejército acercarse por un frente, mientras que en realidad todo era un engaño para que el verdadero grupo de soldados armados entraran por el contrario. Parte de la victoria sobre los nazis en esta gran guerra se cimentó en esta creación americana que involucró a arquitectos, artistas y todo tipo de personajes en pos de crear un ejército indescifrable, ficticio, pero más eficaz que ninguno.

A imagen y semejanza del Ejército Fantasma, Jason Kidd y sus Milwaukee Bucks están jugando al engaño con los Toronto Raptors en la primera ronda de Playoffs. Los Bucks, sextos en la temporada regular tras una gran recta final de campaña, lideraban de forma sorpresiva tras tres partidos de serie, en lo que han conseguido asestar dos palizas a los canadienses, con el engaño y la no definición como gran arma.

Cuando se habla de estos Bucks engaño podría equipararse a ambigüedad. Ambigüedad porque en realidad, nadie puede asegurar cuales son las posiciones de cada uno de sus jugadores ni puede encasillares en un rol. Y ahí está su gran ventaja. Son un equipo indescifrable, que juega al cambio constante y al no definirse. Si no te defines, no te identifican. Si no te identifican, no te contrarrestan. El engaño constante al rival.

Y es que en esta serie de Playoffs contra los Raptors se está observando más que nunca la gran fortaleza del equipo de Milwaukee: un conjunto lleno de jugadores multifuncionales, salidos algunos de otra época, que está aprovechando todos y cada uno de sus puntos fuertes para destrozar a un equipo bien definido y que está sufriendo ante el ‘orden dentro del caos’ que proponen los hombres de Kidd.

Nada más observar el quinteto inicial ya se puede observar que los Bucks no son un equipo fácilmente etiquetable. En teoría juegan con un base como Marcus Brogdon (uno de los grandes descubrimientos de la temporada en su primera campaña), Khris Middleton como escolta, Tony Snell como alero, Giannis Antetokounmpo como ala-pívot y Thon Maker como pívot. Pero una vez el balón vuela, todo salta por los aires.

Lo único que parece estar definido en el juego del equipo de los Bucks es que Thon Maker es el dueño de la pintura. El sudanés, quién fuera gran incógnita del último draft, es el titular desde mediados del pasado febrero en la posición de pívot, aunque en su origen es un ala-pívot, y su contribución, aunque no es muy llamativa a nivel numérico, ha sido vital para el despegue de los de Milwaukee.

Ancla defensiva interior del equipo (encargado en esta serie de ‘secar’ a Valanciunas), Maker es un jugador que, pese a sus 2,16, tira sin problemas desde el perímetro. Incluso el rol más definido de estos Bucks es estrambótico, raro, engañoso. Tan pronto lo podemos ver defendiendo a Valanciunas en la zona (con el que tiene que jugar muchos uno contra uno en la pintura) como tirando del perímetro, sin olvidar que es la única referencia en el interior del ataque.

Alrededor de Maker se articula un mecanismo de jugadores, de intercambios, de engaños constantes. Una máquina muy bien engrasada en la que cada uno ejecuta su trabajo y en la que Antetokounmpo lidera a su antojo. Paradigma perfecto de lo que significa éste ‘Ejército Fantasma’ con sede en Milwaukee, el inacabable griego es capaz de hacer de todo sobre la pista. Lo vemos rebotear, subir la pelota y, desde su posición de teórico ala-pívot, dirigir el ataque. Le vemos penetrar como un jugador exterior y cargar el rebote ofensivo como un interior. Lo es todo y a la vez no es nada. Engaña con cada paso que da.

Junto a él, Middleton ejecuta, Brogdon dirige ataques con la misma facilidad con la que se abre para dejar hacer a Giannis, y Snell defiende como un perro de presa, en cada ocasión a un jugador distinto, al que está caliente, además de asumir algún tiro exterior que provocan las constantes penetraciones para dividir la zona que ejecutan los de Kidd.

Todo eso, y mucho más, está volviendo loco a los Raptors en esta primera ronda de Playoffs. A lo largo de un partido de esta serie es fácil ver como en cada ataque cambian los emparejamientos. Tan pronto podemos ver a Lowry defendido por Brogdon como por Snell o incluso Antetokoumpo. Dependiendo de las necesidades, cada uno de los cinco jugadores del quinteto de los Bucks ocupa una posición defensiva, creando un clima de adaptación constante, de amoldarse a lo que pide el encuentro. Un maravilloso organismo en constante cambio.

En ataque, la situación es igual. Antetokounmpo sube la bola, o lo hace Brogdon. Maker por dentro (y no siempre) y a partir de ahí, una amalgama de posibilidades. Snell en la posición de cuatro, Middleton en la esquina o recibiendo, Giannis en cualquier lugar, las posiblidades que vemos a lo largo de los cuatro cuartos son casi inacabables. Parece imposible planificar una defensa contra esta forma de atacar. Tan solo surge la posibilidad de intentar jugar cada posesión como una unidad independiente, y ahí Toronto sufre.

Casey está intentando encontrar la fórmula para contrarrestar tanto engaño, tanto cambio, tanta posibilidad de adaptación. Se esperaba guerra, pero de ninguna forma se esperaba que este ‘Ejército fantasma’ infundiera tanto daño. Quizás por eso mismo son fantasmas.