Solo son diez partidos. Ni conclusiones precipitadas, ni emociones injustificadas. No es el momento. Las sensaciones son positivas, no se puede negar, y el equipo, con piezas que mejoran puntualmente la rotación del curso pasado, ha empezado un peldaño por encima de lo esperado. De lo esperado por todos, menos por él. Brad Stevens ha vuelto a sorprendernos haciendo lo que mejor sabe hacer. Pero haciéndolo aún mejor.

Durante el descanso de la victoria ante los Rockets, en el vestuario visitante del Toyota Center de Houston, Stevens pidió a sus jugadores que secaran a los Rockets en la segunda parte, que los dejaran en unos paupérrimos 35 puntos. Un equipo que anotaba de media 101.4 por partido y que en la primera mitad había anotado 55.

A 7 minutos para el final el parcial era de 48-19 y Stevens ponía a jugar a Rozier, RJ Hunter y Zeller, el fondo más oscuro del armario. Solo un 21-8 final, que ni alteró a los Celtics, evitó que los jugadores cumplieran su palabra. Fueron 40, no 35. Aun así ganaron por 19 y tuvieron una máxima de 29. Era la segunda noche de un back-to-back en el oeste. La primera, acabó con un +15 en Oklahoma tras un parcial de 38-15 en la segunda parte. La misma semana, dos días antes, se lo hicieron a Atlanta [victoria +13, parcial 27-11]. ¿Cómo? Te hunden al lodo y juegan contigo. Como hicieron con Westbrook o Harden.

Stevens

No se equivocó Ainge al apostar por Brad Stevens. Un contrato de seis temporadas y toda la tranquilidad del mundo para dirigir un proceso de reconstrucción que se preveía largo en Massachusetts. Y a día de hoy, Stevens está en boca de todos los analistas. Una vez Red Auerbach dijo “Just do what you do best”. Otro día añadió que el contragolpe y la defensa eran las mejores armas de los Celtics para ganar un partido. Y con Brad Stevens han alcanzado un nuevo nivel.

Porque Boston tira al mismo nivel que lo hacen Lakers ó Philadelphia, con un pésimo acierto del 42.7% y peor aún el porcentaje desde el triple, rozando el 30%, permitiéndose el lujo de tirar 28.2 triples por partido, el tercero que más en la liga. Horrible. El offensive rating escasamente supera los 101, muy por debajo de la media de la NBA. Y sigue ganando, noche sí, noche también, a rivales de playoff.

Insisto, ¿cómo? Al estilo Stevens. El mismo que llevó a Butler a dos finales seguidas de NCAA, el que pidió Auerbach años atrás. Defensa y correr. Defensa al máximo nivel y correr como nadie en toda la liga. Boston lidera la competición en forzar pérdidas al rival con datos que no se asumían desde la temporada 1997/98, por los mismos Celtics. Un 17.5% de las posesiones rivales acaban en pérdida de balón y permiten casi 12 robos por partido: líder de la NBA en ambas categorías. De ahí nace otra de las claves de estos Celtics, 24 puntos originados por pérdidas rivales.

Boston está entre los 10 peores franquicias de la NBA en porcentaje de tiros de campo, effective o de tiros de tres y tiene el decimoséptimo peor offensive rating. No hay un tirador, un shoot-star o una estrella de 25 puntos por partido. Pero sigue el espíritu hustle que representa a la histórica franquicia. La mejor referencia, los 45.8 puntos de media que vienen del banquillo, la cifra más alta. Y sin el desafío de roles y una rotación de 10 jugadores.

“We always talked about putting our strengths
together and seeing how far we could go”.

“BELIEVE OR LEAVE”

Cuando Stevens asumió la dirección de la universidad de Butler, cogió un proyecto al que desde el primer día le dotó de su personalidad. Sin estrellas, solo luchó por el recruit de un tal Gordon Hayward el verano de 2008, para liderar su segundo proyecto con los Bulldogs. Pero ya dejó su particular seña de identidad: séptima mejor defensa [por partido] de toda la NCAA y 43ª en defensive rating. Y acababa de empezar.

Grabado a fuego. Todavía en Butler, Stevens asistió a un coaching clinic impartido por Doc Rivers del que siempre recuerda una frase: “believe or leave”. Presente y futuro de Boston, esa fue la enseñanza que el actual entrenador de los Clippers dejó en Brad, que desde el primer día la aplicó a sus jugadores. En aquella segunda temporada, la primera con Hayward y Shelvin Mack, bajó a Butler al 18º en defensive rating y mantuvo el +80% en victorias. En la tercera metió a Butler en la final nacional y solo un triple errado por Hayward evitó el primer título para una universidad.

Y lo hizo como pretende dirigir la reconstrucción verde en el fondo, pero no en la manera. Otra vez top-25 de la NCAA en defensive rating, puntos recibidos y pérdidas del rival, Butler era un equipo que masticaba cada posesión hasta encontrar la mejor opción. En Boston, el 21.5% de las posesiones se agotan durante los primeros 6 segundos y solo el 3.2%, la cifra más baja de la liga, son tiros en los últimos cuatro segundos del reloj de 24.

El balón fluye –casi– como lo hace en Oakland, Atlanta o San Antonio. Evidentemente no se tienen los jugadores, ni siquiera la influencia de Popovich en el banquillo, pero los Celtics son el cuarto equipo con menos average speed per touch y con menos conducciones de balón. Solo Thomas se salta la regla. Y se cuelan entre los cinco mejores en asistencias por partido pese a los pobrísimos porcentajes anotadores. Por compararlo con los Warriors o con el promedio de la liga.

La segunda gran fuente de anotación de estos Celtics, más allá de los contraataques, es el rebote ofensivo. Cuartos en la liga, los C’s capturan un 28% de los –muchísimos– tiros que no entran, algo que permite sumar 15.2 puntos por noche. Y permite jugar a muchas más posesiones que el resto, 102 al mismo nivel que los Warriors, una decisión que en lugar de realzar los erráticos porcentajes verdes, alumbra los incluso peores del rival, que sea Oklahoma, Houston o Atlanta, baja sus números por debajo del 43% de media. El defensive rating es de 94.2, solo superado por Miami y San Antonio. Junto a Golden State, las únicas tres franquicias con mejor net rating que Boston.

En el TD Garden saben lo que tienen entre manos. Más allá de un equipo con opciones de conseguir un balance positivo y luchar por meterse en playoff, obviando el diamante en forma de lottery draft pick que caerá de Brookly en junio. La joya se llama Brad Stevens, an overachiever, dinamic 38 years-old coach of the year candidate. Porqué este equipo es radicalmente antagónico al que cogió en 2013, huérfano de Pierce y Garnett y con el liderazgo de Rondo. El líder, dentro y fuera, es Brad Stevens.

Por repetirlo que no sea, solo han sido diez partidos. Pero qué partidos.

“When considering the consequences of not doing the little things, you
realize there are no little things. That applies to us right now”.

Un artículo de Alejandro Gaitán. 

Fuentes: basketball-reference.com, stats.nba.com y hoopsstats.com