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¿Está destinado Miami a dominar la NBA?

Redactado el 14 de abril de 2012 por Benito Andrade

Corría el verano de 2010 cuando LeBron James montaba su show “The Decision” para anunciar a donde se iría. ¿Sería a New York, cuyo proyecto deportivo de los anteriores dos años había consistido en hacer hueco salarial para él? ¿Sería Cleveland para cumplir así su promesa de darle a los Cavaliers un anillo? Finalmente King James sorprendía a todos anunciando que se marchaba a Miami con Wade y Chris Bosh.

Las reacciones no tardaron. Desde los que auguraban una era de dominio incontestable de los Heat hasta los que creían que juntar tanto ego en un vestuario bajo las órdenes de un entrenador de perfil bajo como Spoelstra era un experimento de quimijuegos destinado a explotar en la primera temporada.
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Analizando a Minnesota

Redactado el 6 de enero de 2012 por Benito Andrade

Iniciada la temporada NBA voy a compartir las sensaciones que me ha transmitido en sus seis primeros partidos uno de los equipos que está dando que hablar en este arranque de campaña: los Minnesota Timberwolves.

La primera sensación es de que todo es nuevo en Minnesota. La llegada de Adelman, la incorporación de Ricky Rubio y Derrick Williams, la capacidad para competir en todos los partidos, la ilusión en la afición… parece que lo único que todavía les falta es la capacidad para cerrar partidos ajustados en los últimos minutos. Normal en un equipo joven, diría el tópico. Algún problema más hay, creo yo. En estos y otros temas quiero entrar con un poco más de detalle.

Para ello hablaré de las cosas que están funcionando bien, de las que están saliendo mal y en qué pueden derivar y de las que están siendo “termómetro” del equipo y cómo canalizarlas.

Lo que está saliendo bien

Lo que está saliendo bien en este arranque de temporada tiene tres nombres muy claros: Kevin Love, Ricky Rubio y Rick Adelman.
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Ricky, equivócate

Redactado el 28 de diciembre de 2011 por Benito Andrade

Arranca por fin tras el lockout una nueva campaña NBA. Para Minnesota arranca también la que puede ser la campaña de la esperanza. Tras años dando tumbos desde la marcha de Garnett por fin se ve la luz al final del túnel. Al ala-pívot estrella Kevin Love y al irregular Beasley se unen la experiencia de Barea, la potencia de Derrick Williams, la sabiduría de un técnico de gran nivel como Adelman… y Ricky Rubio.

En el joven y genial base se depositan la ilusión de la grada y las esperanzas de la franquicia en dar el salto de calidad. Todos esperamos que de asistencias mágicas, todos esperamos que robe balones, todos esperamos que tire y que anote. Yo no he podido perderme sus dos primeros partidos y mi sensación tras ellos es quizá la peor que podía tener: no lo ha hecho mal.

Ha habido rookies que sí lo han hecho mal, como Kyrie Irving, que acabó el partido de su debut con 2 de 12 en los tiros y otros que lo han hecho bien como Jon Leuer en Milwaukee o Norris Cole en Miami. Pero Ricky, un número 5 del draft al que han estado esperando dos años en Minnesota, no lo ha hecho mal. Pues yo quiero que lo haga mal. Y que nadie se equivoque, no hay mayor fan de Ricky que yo.
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Lockout: ¿a qué juegan los jugadores?

Redactado el 24 de septiembre de 2011 por Benito Andrade

Hoy viernes a las 7 de la tarde la NBA ha anunciado la suspensión de los partidos de pretemporada a celebrarse la semana del 9 al 15 de octubre. No ha sido ninguna sorpresa. Tras no alcanzarse acuerdo en la reunión mantenida ayer jueves entre los máximos representantes de los jugadores y la liga el retraso en el comienzo de la pretemporada era inevitable. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

Tras expirar el convenio colectivo que regulaba las relaciones laborales entre propietarios y jugadores y no alcanzarse un acuerdo para el nuevo marco se declaraba el lockout o cierre patronal de la NBA el 1 de julio. Desde entonces hasta ahora ha permanecido detenida la maquinaria de la liga de baloncesto más poderosa del mundo. Para entender mejor la situación hablaré primero del concepto que ha centrado y centra las discusiones: el BRI y su reparto.

Desde que en la temporada 1998-99 se detuvo la liga hasta enero debido a un lockout, existe en la liga un reparto de ingresos entre propietarios y jugadores fijado en el convenio colectivo. Esto significa que la cantidad de dinero que figura en el contrato de un jugador NBA no es una cantidad fija y garantizada sino que tiene una parte variable que se ajusta en función de los ingresos globales de la NBA. En el convenio recién expirado la NBA ha venido reteniendo un 8% de los ingresos del jugador. Al acabar la temporada todas las franquicias de la liga se someten a una auditoría económica completa a fin de determinar el total de ingresos relacionados con el baloncesto de la liga, el “Basketball Related Income” o BRI. Fijada esta cantidad, a los jugadores les corresponde un 57% y a los propietarios el restante 43%. Esto se conseguía devolviendo a los jugadores la parte retenida del sueldo necesaria para que los números cuadren.

El problema es que los propietarios, especialmente los de franquicias situadas en pequeños mercados, dicen que el 43% de los ingresos de que disponen no basta para mantener la maquinaria de la NBA y que en el sistema actual, sumando todas las franquicias, la NBA pierde 300 millones de dólares al año. Desean por tanto un nuevo acuerdo en que el porcentaje del BRI que corresponda a los jugadores caiga drásticamente: hasta el 46 o 47%.

En la situación actual, pese a que las negociaciones se mantienen dentro de un supuesto secreto, se sabe que los jugadores están dispuestos a bajar su parte hasta el 53 o 54%. También se ha filtrado que la NBA no se ha movido de su inicial 46-47 e incluso se rumorea que Stern ha dicho al abogado que representa a la Unión de Jugadores Billy Hunter que por encima del 50% no hay nada que discutir y el lockout seguirá.
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Pues habrá que hablar de Dallas

Redactado el 25 de mayo de 2011 por Benito Andrade

Dicen que rectificar es de sabios. Para mí es una verdad a medias. Yo definiría al sabio como una persona que habla poco, se equivoca pocas veces y cuando lo hace tiene la humildad necesaria para rectificar. El caso de alguien que habla sin saber mucho, se equivoca a menudo y rectifica porque no le queda más remedio se ajusta más a lo que yo llamaría bocazas.

Yo encajo mucho mejor en esta segunda definición. Y en este caso me alegro.

Todo esto viene a cuento de mis dos artículos anteriores sobre Dallas. En el primero, hace ahora más de un año “¿Por qué nadie habla de Dallas?” defendía el proyecto de los Mavs. En el segundo, hace poco, cuando Dallas disputaba la primera ronda contra Portland, titulado “¿Por qué nadie habla de Dallas? Porque no hay nada que hablar” decía que este equipo no tiene la determinación necesaria para ser campeón y que no sabe reaccionar ante las dificultades. Elegí el momento para cambiar de idea y rectificar.

En primer lugar he de decir en mi defensa que yo creí en Dallas. Es un proyecto que me gustaba y que me gusta. Me entristeció que perdiesen en 2006 una final en la que sinceramente creo que eran mejores y más aún que mostrasen la debilidad mental que mostraron cayendo en primera ronda al año siguiente frente a Golden State. Desde entonces he tenido la esperanza de que se recuperasen mentalmente…
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¿Por qué nadie habla de Dallas? Porque no hay nada que hablar

Redactado el 24 de abril de 2011 por Benito Andrade

Era 23 de febrero de 2010 cuando publiqué mi primer artículo en Basket Americano. Se titulaba “¿Y por qué nadie habla de Dallas?”. En él reivindicaba que los tejanos se habían movido bien en los despachos contra límite de traspasos. Se habían construido un equipo que legítimamente renovaba sus aspiraciones al anillo… ¿por qué no se hablaba de ellos?

El tiempo ha sido ciertamente cruel respondiendo a la pregunta: porque no hay nada que hablar.

Hace poco Enrique García publicaba un artículo sobre los Mavs: “11 años de buen baloncesto en Dallas”. En el agradecía el esfuerzo de la organización y de su propietario por llevar a lo más alto a una franquicia hasta entonces errática. Es cierto. El esfuerzo se ha hecho, el equipo se ha construido, pero a la hora de la verdad se deshacen como azucarillos en té caliente una y otra vez. No importan los esfuerzos que haga la directiva. No importa los fichajes que hagan. El problema está en sus mentes. No creen en sí mismos.
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Un mago en los despachos

Redactado el 2 de marzo de 2011 por Benito Andrade

Siempre me han gustado los espectáculos de magia. Me parece admirable cómo se puede lograr cortar a una persona en dos, hacer volar un objeto o simplemente sacar de un mazo de cartas justamente la que un espectador elegido al azar estaba pensando. Pero lo más admirable es que los magos sean capaces de hacer esto delante de un montón de ojos que están fijos en él, que saben que lo va a hacer… y aún así lo hace.

En la NBA también hay magia, y no sólo en la cancha, sino también en los despachos. Y el gran ilusionista se llama Danny Ainge.

Verano de 2007. En la noche del draft Ainge envía a los por entonces aún Seattle Supersonics a Delonte West y Jeff Green a cambio de Ray Allen. Poco después Garnett se unía a los de verde a cambio de Al Jefferson, Gerald Green, Ryan Gomes y elecciones de draft. Aún recuerdo un sector importante de la prensa americana, y no sólo de Boston, que de aquellas decía: “Se puede dar a Al Jefferson o a Gerald Green, pero ¿a los dos? ¿Cómo se le ocurre dar todo el futuro de esta franquicia por un jugador ya veterano?”. Bien, la mitad del “futuro de aquella franquicia” juga ahora en una Utah que se desmiembra y la otra mitad no juega en la NBA. A lo mejor no eran para tanto. Pero esa es la labor de un mago: hacer ver lo que no es.

Pero el colmo del mago no es convertir un conejo en una paloma. El colmo es convertir un conejo en paloma, y cuando ya tienes convencido al espectador de que es una paloma y te lo devuelve, ¡hop! Pues era un conejo.
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¿Importa el tamaño?

Redactado el 27 de enero de 2011 por Benito Andrade

Una de las discusiones más viejas que existen gira en torno a tan sencilla pregunta. Naturalmente estoy hablando de baloncesto, que es de lo que va esta página, y más concretamente de las posiciones de juego interior.

Los últimos años están llenos de ejemplos de fracasos en elecciones de draft basadas única o principalmente en la estatura. Las elecciones en el 2 del draft de 2003 de Milicic, en el 1 del draft de 2007 de Oden o en el 2 del draft de 2009 de Thabeet son ejemplos de que no siempre el jugador alto es el mejor jugador interior.

Al mismo tiempo, ejemplos como los dados por DeJuan Blair en San Antonio, Glen Davis en Boston o Paul Millsap en Utah nos muestran cómo jugadores pequeños elegidos muy abajo en el draft han acabado triunfando en la liga en posiciones interiores.

Si retrocedemos algo en el tiempo nos encontramos con un Ben Wallace, que siendo bajito para el puesto de cinco, ha dominado varios años la liga en rebotes, tapones y defensa. Si nos vamos más atrás en la historia, podemos ver el ejemplo más claro en Charles Barkley. Jugando de ala-pivot con 1.98 de estatura y pasando toda su carrera entre los máximos reboteadores de la NBA.
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¿Culpa de LeBron?

Redactado el 3 de diciembre de 2010 por Benito Andrade

Érase una vez una ciudad feliz. En ella la gente reía y disfrutaba, abundaba el empleo, el ocio y las gentes llegaban de todo el mundo a admirar su infinita belleza. Esa ciudad tenía un equipo de baloncesto que no paraba de dar alegrías a su afición, desde títulos de campeones a, como poco, finales de conferencia.

La ciudad se llamaba Cleveland. Todo era hermoso hasta que llegó LeBron James.

Desde que llegó empezó a hundir a su equipo. Por su culpa echaron a la gran estrella local Ricky Davis, ídolo de multitudes y admiración del mundo entero. Por su culpa le pagaron un dineral a un center lesionadizo. Por su culpa sobrepagaron a jugadores como Gibson o Mo Williams y se trajeron a glorias acabadas como Ben Wallace o Antawn Jamison. Por su culpa el equipo ganador que era Cleveland se convirtió en un equipucho sólo capaz de alcanzar unas finales de la NBA y que ni siquiera ganó un anillo. Pero diré más: por su culpa se ha hundido la propia ciudad. La gente pierde su empleo y no llega a fin de mes. Incluso los turistas, que antes tenían a Cleveland como parada ineludible, ahora esquivan la ciudad.

Y encima el muy desagradecido se va a Miami. A los Miami Heat que habían ganado el anillo en 2006 y que desde entonces seguían en lo más alto, sin ningún problema interno y con la seguridad de que su estrella local Wade seguiría fiel a ellos. ¿Por qué no iba a hacerlo si todo iba de maravilla? Pero desde que llegó el cruel LeBron han perdido partidos, ha enrarecido el ambiente, se duda del entrenador… hasta ha corrompido al propio Wade.
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La pesadilla de LeBron

Redactado el 28 de octubre de 2010 por Benito Andrade

Es la nocha anterior al comienzo de la nueva temporada NBA. En su habitación, LeBron James contempla la foto del trofeo de campeón de la NBA que cuelga de la pared. Su objetivo. Su deseo. Por ganarlo ha dejado Cleveland para irse a Miami. Por ganarlo ha renunciado a ser el único y gran protagonista para tener al lado a otros dos all-stars. En su mesilla de noche, el “puppet” de Kobe Bryant. El vigente campeón. El rey a destronar. LeBron se va a la cama soñando con las finales conta Kobe, el griterío del público, la atención del mundo centrada sobre el gran evento y sobre ellos dos.

En plena noche, LeBron se despierta sobresaltado. No está en su habitación, sino en un campo verde repleto de tréboles. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? Entonces ve el trofeo de campeón. Está ahí, a su alcance. Sólo tiene que cruzar el campo y cogerlo. Pero cuando ya casi lo tiene, tropieza y se cae. Un duende con un 34 en la espalda lo está sujetando de un pie. “No puede ser que un duende me detenga – se dice – yo soy más fuerte que él”. Con un movimiento se zafa del duende y continúa hacia el trofeo, pero tropieza de nuevo. Hay otro duende sujetándolo del otro pie. Este lleva el 20. Y luego aparece otro con el 5… y otro con el 9…

LeBron se dice: “No, esta pesadilla pertenece a mi pasado, ahora yo también tengo ayuda. ¿Dónde están Wade y Bosh? ¿Por qué no me ayudan?”. Entonces levanta la vista. Los dos están también en el prado, los dos intentan alcanzar también el trofeo, y los dos tropiezan una y otra vez con los duendes… Pero ninguno le ayuda, están demasiado ocupados intentando alcanzar el trofeo como para ayudar al de al lado…

Entonces LeBron piensa desesperado: “¿Por qué a mi? ¿Por qué yo no tengo duendes como estos, dispuestos a colaborar unos con otros de forma tan perfecta? ¿Por qué mis duendes nunca parecen valer para esto?” En ese momento observa algo que no había visto hasta entonces. Un duende más grande que los demás. Algo gordo, viejo y lento, pero muy grande. Ese duende encaja perfectamente con los otros. Hace su trabajo y los demás le ayudan a hacerlo. Ese duende, estaba el año pasado del lado de LeBron y no encajaba con nadie. Ahora parece encajar con todos.
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