Corría febrero del año 2012 y Barcelona se preparaba para acoger una nueva edición de la Copa del Rey. El Palau Sant Jordi, recinto espectacular pero horrible para acoger baloncesto iba a ser el escenario de la competición, pero nosotros no miraremos hacia allí, sino hacia un pequeño pabellón situado en la parte alta de la ciudad, en la Vall d’Hebrón, dónde los chicos de la generación del 98 (que cumplirían 14 años durante ese 2012), se iban a disputar el trono de la Minicopa, competición paralela a la Copa del Rey organizada también por la ACB.

Entre aquellos niños, algunos cuyos nombres empiezan a ser conocidos para el aficionado, como Borisa Simanic, invitado por Baskonia para el torneo que ya ha debutado con Estrella Roja en la Euroliga, Felipe Dos Anjos, que va a debutar en ACB de la mano de Burgos esta temporada cedido por el Real Madrid, o Víctor Moreno, que jugará cedido en LEB Oro tras haber debutado ya con el Fuenlabrada. Todos ellos cumplirán los 20 años durante la temporada que empieza, en la que se espera que empiecen a asentar las bases de su carrera profesional. Estuvieron en aquel torneo también Eric Vilà, Pol Figueras e Ignacio Rosa, claves en la selección Sub19 este verano que aún no han tenido continuidad al máximo nivel.

Y ahora diréis, ¿a qué viene un artículo sobre la Minicopa de 2012?

La respuesta está en un chico del 99 que hacía su debut como invitado (acabaría uniéndose al equipo en setiembre) en la que era su primera experiencia con el Real Madrid en un gran torneo. Y lo hacía con chicos un año mayores que él, que aún no había cumplido los 13 años. El chico, un muchacho esloveno, por si aún no lo sabéis, se llamaba Luka Doncic. Doncic se plantó en Barcelona sin hablar castellano, sin conocer a sus compañeros y siendo el más pequeño de un equipo formado íntegramente por jugadores del 98. Nada de eso le detuvo. Fue uno de los jugadores más destacados del equipo (máximo anotador de la final con 20 puntos) rozando el MVP (que acabó en las manos de Màxim Esteban, del FC Barcelona, ganador del torneo).

Había nacido una estrella. Volvió a Eslovenia, al Unión Olimpija dónde acabó la temporada para después regresar al Real Madrid, esta vez para quedarse. Y ahí, un paso detrás de otro. MVP de la Minicopa 2013, Campeonatos de España Infantil, Cadete y Junior, Euroliga Junior coleccionando galardones individuales por el camino. Un debut en ACB con 16 años recién cumplidos (el año que ganó la Euroliga Junior siendo el MVP contra jóvenes dos años mayores que él), y de ahí al estrellato. Cada vez más importante en una de las mejores plantillas de Europa, jugando con una madurez impropia de un chico que aún no ha cumplido los 19 años que va quemando etapas a velocidad de vértigo.

La última, el  Eurobasket 2017. En su debut con la selección absoluta eslovena, ha sido pieza clave en la conquista del primer título continental de los de la antigua Yugoslavia, entrando en el mejor quinteto del campeonato.

Por delante, un futuro (y presente) que parece no tener fin, con su próximo objetivo fijado en ser el Nº1 del Draft 2018, algo que, de no mediar lesiones de por medio, nadie debería poner en duda ahora mismo. Quedará por ver cómo le afecta el salto a la NBA (previsiblemente dentro de un año), aunque Doncic ha demostrado ya fortaleza tanto a nivel físico como mental suficiente como para hacer pensar que podrá con cualquier desafío que se le plantee.

Aunque eso es entrar en terreno de hipótesis. Me queda una realidad, y es que cada vez que veo a ese chaval blanquito danzar por la pista pienso “yo estaba ahí el día que empezó a despuntar”. Y me entra la sonrisa…