La madrugada del lunes al martes pudimos asistir a la que posiblemente ha sido la mayor exhibición de la carrera NBA de Ricky Rubio en el que es su sexto año en la Liga en la victoria, la tercera en cuatro partido, de los Minnesota Timberwolves.

Sus 22 puntos y 19 asistencias, récord de pases de canasta de la historia de los de Minneapolis, elevaron a los altares y llevó a boca de todos el rendimiento del base español, que viene en crecimiento en los últimos meses hasta haberse convertido, por méritos propios, en una de las sensaciones de la NBA en su tramo final. Y con él, todo el equipo.

Y es que como escribí hace unos meses, si hay un jugador que sirve para calibrar el rendimiento y el estado de ánimo de estos jóvenes Wolves, ese es Ricky Rubio. Si él funciona, el equipo también, mientras que si su rendimiento languidece, todo parece derrumbarse a su alrededor.

El base, que hace unos meses deambulaba entre la mediocridad  y la desazón, ha despertado dando un golpe sobre la mesa, y con él, se ha cargado a las espaldas a todos los Timberwolves, que al ritmo que marca su point guard está logrando victorias de postín en aras de un objetivo que hace un par de meses resultaba casi imposible: luchar por la octava plaza del Oeste.

Se podría decir que en dos meses, Ricky Rubio ha pasado de dejar sensaciones horribles a ser uno de los mejores bases de la liga. Sin cortapisas. El de El Masnou ha progresado desde la peor temporada de su vida en la NBA al mejor estado de forma de su carrera, todo ello con varios puntos de inflexión que lo han hecho posible.

El punto exacto del cambio de Ricky Rubio se podría situar en varios momentos. Los primeros rumores de traspaso allá por enero hicieron que el español subiera el ritmo, quizás enrabietado por ser, una vez más, objeto de las críticas más intensas e injustas. Pero si atinamos más, el momento clave se ubica en el parón del All-Star.

Durante esa semana en la que los Wolves no jugaron ni un solo partido, Ricky jugó su propio encuentro. Y es que hasta el último instante del cierre del mercado de traspasos su salida a New York Knicks parecía prácticamente hecha. Una salida que, visto lo visto hasta ese momento, podría haber beneficiado a un Ricky que parecía necesitado de un nuevo ambiente en el que respirar aire fresco y resetear su cabeza.

Sin embargo, los Wolves se echaron hacia atrás en el último momento, y a partir de ahí, nadie ha podido parar a Rubio. La estadísticas de la temporada hasta el parón del All-Star (8.9 puntos, 8.4 asistencias, 3.8 rebotes y 1.8 robos por partido) quedan en irrisorias en lo que ha conseguido a partir de entonces, cuando se ha convertido en un auténtico tornado de juego que lo arrasa todo a su paso.

Y es que en los nueve partidos que Ricky ha disputado con los Wolves desde ese punto de inflexión, sus emolumentos han pasado a ser 14.9 puntos, 11.8 asistencias, 5.2 rebotes y 1.9 robos, incluyendo exhibiciones como las 19 asistencias ya nombradas ante los Wizards o el triple-doble logrado ante los Spurs.

A Ricky se le nota rabioso. Se le nota agresivo. Entra a canasta más que nunca en su carrera NBA, y lo hace con acierto, lo que le abre muchas vías de anotación. Al aumentar su amenaza de penetración, tiene aún más espacio para probar el tiro de media distancia, que parece empezar a funcionar y que fluye sin forzar, como nunca había conseguido. Y además, manda más que nunca.

Un mando que se nota constantemente sobre la cancha. Los Wolves han recuperado para la causa al Ricky Rubio que cambiaba el ritmo del equipo y que deslumbraba a la contra y calibraba en estático. Su mando hace muy bien al equipo.

Además, no solo en el juego se le nota más líder y más agresivo. En sus actitudes, también. Se le puede notar más concentrado, más ambicioso. En las últimas semanas ha tenido hasta dos enfrentamientos con jugadores, uno de ellos más grave (con Patrick Beverley) que otro, pero enfrentamientos que denotan coraje y carácter, algo que se había echado en falta en el de El Masnou en etapas anteriores de su carrera.

Y si Ricky progresa, progresan los Wolves. Si nos vamos a las estadísticas del equipo desde ese ‘punto de inflexión’ en el parón del All-Star los datos son escalofriantes. El récord de los Wolves desde ese momento es de seis victorias y tres derrotas, habiendo derrotado a equipos tan potentes como Golden State Warriors, Los Angeles Clippers o Washington Wizards, todos estos en apenas un fin de semana.

Antes del parón del All-Star los Wolves habían promediado durante la temporada 104.8 puntos a favor, concediendo 105.7 por encuentro. Desde el All-Star, han aumentado su producción a 105.6 puntos, reduciendo la producción en contra hasta los 98.9 puntos recibidos por partido, colocándose en el podio de la liga desde ese momento.

El equipo que ha logrado confeccionar Tom Thibodeau parece haber hecho ‘click’ en el mismo momento en el que Ricky Rubio ha alcanzado el mejor momento de su carrera. Otras razones como el cambio de rol de Wiggins tras la lesión de LaVine, la incorporación de Rush al quinteto titular o el superlativo nivel de Karl-Anthony Towns son también valorables a la hora de explicar la buena racha de unos Wolves que apuntan alto en este fin de temporada. Pero por encima de todos está el regreso de Ricky Rubio. El regreso de aquel jugador que marcaba el juego de la franquicia y que ahora vuelve a dirigir, con el mejor juego de su carrera, las maniobras de los jóvenes Wolves.

  • Jorge

    Por favor, dejad de publicar artículos de este hombre, es lamentable. Con estas cosas BA pierde credibilidad…

  • Paco Virues Azaustre

    Buenas Jorge, lamento mucho que no te haya gustado el artículo, ¿podrías decirme por qué? Sé que escribo bastante sobre los Wolves, pero son el equipo que más sigo y creo que del que mejor visión puedo dar.

    Ah, y creo que BA es de las páginas con más credibilidad que existen, con artículos de este tipo o sin ellos.

    Un saludo!

  • JordiPol

    A ver no nos pasemos. Respeto. Es malo pero hay q respetar