Este título puede servir para muchos acontecimientos de esta temporada. Desde la formación del segundo “Big Three” en el este, pasando por los buenos resultados de Bulls y Spurs en temporada regular, la eliminación prematura de estos últimos o las sorprendentes eliminaciones de Lakers y Celtics.
El eslogan de la NBA es “Where amazing happens” y seguirá siendo así, a menos que el lockout lo evite la temporada que viene, igual que ha sido durante todos estos años. Por eso, bajo este título no tendría por qué hablar de nada concreto sino de la liga en general pero hay algo, o mejor dicho, alguien que ha sido una gran sorpresa esta temporada.
No es el MVP, el máximo anotador, asistente o líder de cualquier apartado estadístico, no ocupa los highlights, no acapara los flashes, no sale en posters, no ha ganado ningún concurso ni ha jugado muchos partidos de playoffs. Un jugador que ha pasado desapercibido para los aficionados ocasionales, pero no para los demás.
Landry Fields es un escolta–alero de 2’01 metros de altura que juega en los New York Knicks. Llegó al equipo en el puesto número 39 del draft del 2010 y obviamente no ha sido nombrado rookie del año, lo que habría sido una sorpresa mayúscula tratándose de un jugador de segunda ronda, pero ha sido elegido dos veces consecutivas rookie del mes de la Conferencia Este en la que se encuentra el número 1 de dicho draft, John Wall.
Con una estadísticas de 9.7 puntos, 1.9 asistencias, 1.0 robos y 6.4 rebotes en 31 minutos de juego por partido, está lejos de los números de una superestrella. Por suerte, el baloncesto no se basa sólo en dobles–dobles (o triples–dobles para los pocos afortunados), mates estratosféricos y en un yo contra todos constante. El baloncesto es un deporte de equipo, en el que cada jugador es una pequeña pieza de algo más grande y deber aportar al colectivo lo que se espera de él.
Fields sabe lo que se espera de él, quizá debido a la madurez como jugador que pueden aportar cuatro temporadas en la universidad jugando en su caso para los Cardinals de la universidad de Stanford.
Sin duda alguna el de Long Beach es parte importante en la rotación del equipo de la Gran Manzana, por eso se le excluyó de las negociaciones para la incorporación de Carmelo Anthony y sigue disputando partidos en el mítico Madison Square Garden como local.
En su primera temporada ha sido elegido en el primer quinteto de rookies, goza de una cantidad más que significativa de minutos y ha continuado jugando más allá de los 82 partidos que marcan la temporada regular.
Acompañado en el quinteto inicial de los Knicks por Chauncey Billups, Carmelo Anthony, Amar’e Stoudemire, Ronny Turiaf y en espera de que desde el equipo neoyorkino sean capaces de atraer a alguna estrella para formar su propio “Big Three”, las expectativas tanto para Landry Fields como para el equipo sólo son de progresión.
En un mundo tan exigente como el del baloncesto profesional, donde se derrumban mitos al mismo ritmo que surgen nuevos y jugadores que aspiran a la gloria caen en el olvido, es imposible averiguar lo que el futuro depara para Fields, pero de momento esta temporada ya ha superado las perspectivas más positivas sobre su impacto en la liga.



